Se levantó asustada y con las pulsaciones aceleradas. Su mirada descontrolada recorrió con velocidad el lugar donde se encontraba. En seguida sus nervios comenzaron a apaciguarse lentamente. No tenía ni idea de cómo había llegado ahí, nunca lograba entender como llegaba ahí, pero no era la primera vez. En un principio el pánico se había apoderado de ella cada vez que despertaba en lo que había empezado a llamar “La Nada”, ahora el miedo se evaporaba segundos después de que habría los ojos… Nada más tenía que esperar a volver y todo estaría bien de nuevo…
Suspiró pesadamente y se levantó apoyando sus manos en la hierba húmeda. El bosque la rodeaba, tan impenetrable como la noche, tan profundo como el océano. Como siempre lo hacía, optó por una dirección desconocida. Sea como sea siempre llegaría al mismo lugar. Comenzó a andar con paso lento, notando la soledad que envolvía aquel lugar de vida inmóvil. El follaje era verde, los troncos altos y fuertes, por no había señal alguna de que algo más se escurriera entre las sombras de aquel lugar imposible de alcanzar para la humanidad.
¿Por qué estaría ahí esta vez? No había nada en especial, no había encontrado nada en específico… Trataba de recordar cada una de las imágenes que pudieran tener algún tipo de importancia, pero o su memoria no quería cooperar o simplemente no había nada que ameritara su estadía en aquel extraño paraíso. ¿Y cuándo aparecería? A veces caminaba horas… A veces no necesitaba más que poner un pie fuera del claro en el que siempre despertaba… Esperaba que esta vez fuera rápido, quería volver a su mundo una vez más… Cada vez se le hacían más insoportables sus estadías en ese lugar sin nombre… Lo que encontraba ahí era cada vez más pesado para su conciencia…
El sonido de agua destruyó la paz sin vida que rodeaba a los árboles. Esa era la señal. Comenzó a correr, pero de nuevo esa era una acción realmente inútil. Podía correr una maratón hasta llegar a la laguna con su catarata de espuma blanca, o podía dar un par de saltos y estar ahí en segundos. En esa ocasión no fue necesario esperar demasiado antes de ver la luna, siempre llena, reflejada en el líquido negro.
-Ya estoy aquí… -Observó a su alrededor, la copa de los árboles, las piedras lisas, la cueva escondida detrás de la cortina de agua, la laguna en si… -¿Qué quieres esta vez de mi…? –Una risilla molesta acompañó el burbujeo del agua en movimiento.
-Deberías saber ya que tú presencia en este bosque significa que tú quieres algo de mí… No yo de ti… -Frunció el ceño al no poder encontrar el origen de la voz.
-Nunca he venido por mi propia voluntad…
-Eso no elimina el hecho de que igual vengas… -Resopló con resignación. Aquello duraría toda la noche, y en aquel lugar la noche era eterna. En seguida se dirigió a una piedra especialmente grande y se sentó sobre esta. En aquella ocasión se encontraba justo en el borde de la masa de agua. En otras ocasiones sin embargo podía estar en medio de la misma, a veces en los lindes del bosque, a veces acompañada de otras más pequeñas… Un escalofrío recorrió su espalda al sentir el frío muerto hacer contacto con su piel, apenas cubierta con una bata delgada para dormir…
-¿Entonces que me vas a contar esta vez…? –Su mirada se fijó en el agua que corría interminablemente, su acompañante podía aparecer en cualquier momento, en una rama, en la superficie líquida, a su lado… o simplemente podía mantenerse en las tinieblas y hablarle desde ahí.
-¿Qué es lo que te inquieta…?
-Nada… -Abrazó sus piernas, en cualquier momento comenzaría a tiritar…
-Si no fuera nada no estarías aquí… -Un movimiento entre las sombras llamó su atención. Lo había visto con claridad… Rojo, peludo, esponjoso… Era él.
-Ya estuve pensándolo antes de encontrarte… No hay nada…
-Sabes que no me puedes encontrar a menos de que sepas que es lo que buscas… -Sintió algo cálido contra su espalda. No se molestó en volverse… Era él.
-Entonces dime que es lo que me inquieta… Tú lo sabes.
-No puedo… -Finalmente rodeó la enorme roca hasta quedar frente a ella. Sus pies desnudos eran lamidos por el agua que iba y venía. Subió la mirada hasta encontrarse con la de él. Sus pupilas felinas no encajaban con sus orejas caninas y su esponjosa cola de zorro. En un principio aquello había sido una imagen realmente interesante. Había creído simplemente que el chico tenía algún fetiche extraño y le gustaba disfrazarse de animal… Luego de jalarle la cola y las orejas con insistencia terminó por aceptar que eran extensiones reales de su cuerpo. No era humano, no era animal… Era un híbrido… Mitad hombre, mitad zorro…
-¿Por qué no…? –Apoyó su barbilla sobre sus brazos cruzados alrededor de sus piernas, siempre con la mirada fija en él.
-Porque yo no soy el oráculo…
-Pero tú eres el que me muestra las cosas…
-Yo te muestro, lo que tu mente ya me ha mostrado…
-¡Entonces muéstrame, si ya lo has visto!
-No puedo… -Se disipó entre volutas de color maracuyá. Intentó aferrarse a él para que no escapara, pero lo único que logró fue resbalar al agua. Comenzaba a impacientarse. Si no lograba saber porque estaba ahí, no podría salir tampoco. Se incorporó sin poder evitar transmitir el enojo que se pintaba en sus mejillas.
-¿Dónde estás? ¡Deja de jugar!
-Tienes que buscar aquí…. –Nuevamente aquella presencia en su espalda. Le hablaba justo al oído y su dedo índice y corazón señalaban aquel lugar de su pecho donde se encontraba su corazón.
-Ya te dije… Ya lo intenté… No encontré nada…
-No mientas… Ya lo encontraste, pero no lo quieres ver… No lo quieres entender… ¿Tanto miedo le tienes?
-¡No seas tonto! –Se giró bruscamente y lo empujó con fuerza y rabia. Para su sorpresa este cayó sentado, empapándose también.
-Entonces si lo sabes… -Realmente no tenía ni idea, pero si sabía que escondía algo.
-No lo sé…
-Si no lo supieras no estarías aquí…
-Quiero respuestas… -Nuevamente se disipó como humo y apareció frente a ella. Su mirada gatuna a sólo centímetros de la suya propia. Su mano fría sujetando su mentón para que no pudiera escapar.
-Te daré respuestas… -Segundos eternos de silencio. –Lo que no duele no sirve… Y a ti te duele, duele hasta los confines de tu alma… Te dolía la herida cuando fue abierta, te duele cuando la recuerdas, y te dolerá como una cicatriz que te acompaña siempre… Lo que no duele no sirve… Y a ti te sirve, porque te demuestra que es verdad, que está ahí presente y que no puedes hacer nada para evitarlo… Es puro y real, vive… Pero no sólo eso… Lo que no duele no sirve, pero lo que no mata, tortura… Y a ti no te ha logrado matar, porque si lo hubiera hecho no estarías aquí… No estarías aquí buscando respuestas, no estarías aquí luchando contra tu propia conciencia, no estarías aquí tratando de descubrir algo que aligere tu dolor, que le dé una razón… Por eso te tortura… Porque no lo puedes dejar ir, porque no lo quieres dejar ir… Porque prefieres sentir el dolor que te sirve para darte cuenta de la verdad, antes que morir y no volver a sentir esa tortura que desequilibra tu corazón…
Una sonrisa que oscilaba entre la ternura y el orgullo cubrió ese rostro iluminado por la luna siempre llena. La miraba sabiendo que no tenía nada que esperar, que aquello sería suficiente, que ya sólo hacía falta el momento en que ella volviera a su mundo, aun así aquellos dedos pálidos y largos no liberaba su rostro. La calidez que comenzaba a resbalar por sus mejillas contrastaba con el frío de la noche. Estaba llorando silenciosamente, pero si no huía pronto, comenzaría a sollozar lastimosamente.
-Ya te di respuestas… Ya sabes lo que tu corazón anhela… Ya sabes lo que te espera en el futuro… Ahora vuelve… Despierta… Y continúa viviendo…












