lunes, 6 de diciembre de 2010

Sentidos



Los sentidos son capaces de tanto, generan mil deseos y sensaciones que atrapan a la persona y no la sueltan jamás. Yo, lastimosamente, he tenido la desgracia de caer en el espiral vicioso de los mismos, y, a mi pesar, solo aquellos con voluntad de acero pueden escapar, porque otros, como yo, simplemente no lo querrían.

No recuerdo el momento con exactitud. Sólo se que mi mirada perdida se fijó en algo de sorprendente atracción. Nunca antes mis ojos distraídos habían visto tal cosa y era inevitable que mi atención fuera absorbida. En seguida olvidé mí alrededor, olvidé mis pensamientos, y me olvidé. ¿Qué era eso? Una estructura tan arrolladora, tan geométrica, tan flexible…

Tampoco recuerdo el lugar, la hora, o el porque. Solo tengo en mi memoria un conjunto de notas, de sonidos entrelazados que produjeron un vuelco en mi pecho. Mi oído se agudizó para percibir exactamente lo que aquella extraña y grave melodía relataba. Música de misterio, ritmo de pasión. ¿Qué me pasó? Estaba hipnotizada, había sido transportada a un mundo de sueños de sombras que clamaban ser destruidas con fuego…

Sería inútil insistir un tiempo determinado o en una ubicación establecida, sólo estoy segura de que la oscuridad parcial era cómplice. Ella fue la culpable de cualquier acción y si a alguien hay que hacer responsable es a la misma. Fue cuando mi piel se erizó, toda ella era consiente de un roce único, imprevisto. Al principio mi razón me ordenaba acabar con esa intromisión en mi espacio personal, pero yo me negaba rotundamente. Lo disfruté, y mucho. ¿Por qué? Fue inesperado, atrevido y algo totalmente desconocido; y cuando terminó yo hervía por dentro, talvez de ansiedad, sorpresa o deseo…

Lo siguiente no es una memoria, porque estas se han acabado; pero no puedo negar que aún quedan fantasías en mis pensamientos. Me pregunto que tan exótico puede ser un aroma desconocido, que tanto puede escurrirse dentro de mí. Es un golpe al cerebro que desarma toda defensa u ofensa, que droga cada neurona y relaja cada músculo. Tiene que ser único, incomparable, reconocible a la distancia de dos mares y con el aire salino entremezclado. ¿Por qué tan exigente? Si no fuera así, no sería capaz de despertar el instinto y la curiosidad, no tendría ese efecto lascivo que ciega.

Por último tendré que confesar que lo que más me inquita es el sabor que mi paladar tanto ansía. Tengo entre mis dedos una fruta de color vivo y pulpa carnosa y mi mente lo único que quiere saber es que sucedería si esta hace contacto con mi lengua. Tiene que ser ácida para que las reacciones sean tan fuertes como para nublar cualquier otra percepción. Tiene que ser capaz de contraer el cuerpo con miles de relámpagos y lograr el deleite máximo. ¿Por qué mi capricho? Es algo que definitivamente quiero experimentar…  

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