jueves, 2 de diciembre de 2010



¿Por qué me das la espalda? ¿Por qué tu mirada escapa de la mía? ¿Por qué me temes…? El nerviosismo te carcome el alma al sentirme erizar la piel de tu cuello… Sé que intentas dejarme atrás cada vez que te sonrío desde los rincones más sombríos de tu vida…  Sólo reflejo tus deseos, encarno tus fantasías… Soy todo lo que quieres que sea… Y aun así… ¿me niegas?
Elévate conmigo… Déjame mostrarte la belleza del poder. Extiende tu mano y toma la mía. Sube hasta el Olimpo y contempla desde esa altura omnipotente la miseria de los mortales. Disfruta de tu grandeza y regálame una sonrisa devastadora que haga temblar los cimientos del mundo.
Pruébame, degústame, devórame… No dejes nada, porque mañana tal vez ya no tengas suficiente. Siente el licor arder en tu garganta y acaricia tus labios con duraznos, canela y almíbar… Para ti el sabor del mundo en bandeja de oro y platería…
Entrégate a mí… Ríndete… Ahora me perteneces, tú y cada fibra de tu ser… Haré desaparecer tu conciencia y perderé tus pensamientos entre las yemas de mis dedos. Jugaré con tus sentidos, haré que grites mi nombre entre sueños, serás prisionero de tus más profundos deseos… Serás mi prisionero.
Mírame, mírame y sufre… Porque yo soy lo que nunca serás, yo tengo lo que desearías hacer tuyo, represento eso que te es imposible. Frunce el ceño y aprieta los labios, reconoce como tu sangre se convierte en fuego. Acribíllame con la mirada mientras observas como mi esbelta espalda se aleja…
Deléitame con tu música… Abre tu garganta, grita y libera tus demonios… Permíteles escapar y arrasar la vida que te rodea. Alimenta las llamas de tu alma e incendia con ellas todo aquello que ose cruzar tu camino. No tengas compasión, no muestres misericordia…
Relájate… Libera tus músculos y permite a tu mente perderse detrás de ese manto vaporoso. Yo me llevaré tus preocupaciones, destruiré tus responsabilidades... Olvida tu mundo y desconoce a aquellos que te llaman por tu nombre. Nada más descansa…
Admírame, deséame… Deja que el brillo de mi oro se mezcle con el resplandor de tus pupilas. Busca el cofre del tesoro, regocíjate con lo tuyo, lo de ellos y con todo lo que te ofrezco... Busca, escarba, rasguña, no dejes que nada se escurra entre tus dedos.
¿Por qué huyes de mí? ¿Por qué continúas intentándolo? Sabes que es imposible… Yo soy tu reflejo, tu creación… Tú me diste nombre, tú me diste razón…  Me escondo detrás de cada uno de tus pensamientos, represento eso que sólo tú conoces. Por eso no pretendas hacerme desaparecer, porque cuando eso suceda desaparecerás conmigo también…

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