lunes, 29 de noviembre de 2010

Eva





El brillo de la luna llena era opacado por las pesadas nubes que cubrían el negro manto de la noche. Las luces de colores llenaban la ciudad y el ruido de los carros al pasar sobre el asfalto mojado acompañaba al sonido de algún saxofón en la lejanía, las risas de mujeres vestidas con pieles o las voces graves de hombres con cigarrillos en la boca, que discutían los últimos negocios del día.

Admiró el intenso color rojo de la fruta. Le encantaba rozar con sus dedos la textura lisa y su forma redondeada. La acercó a su rostro hasta poder oler el delicioso aroma que desprendía. Sonrió al pensar en su sabor, y sin poder contenerse más la mordió. El néctar inundó su boca y su lengua se deleitó con el exquisito dulce.

-Sabes que a Cyan no le parece…

-Sólo está celoso… -Dio un segundo mordisco a la manzana para disfrutar nuevamente la intensidad de aquel sabor. –No le gusta que nos divirtamos…

-No le gusta como te diviertes. –Sintió la seria mirada de su hermano mayor sobre su espalda desnuda.

-Como si tú no lo disfrutaras también. –La tercera voz interrumpió el corto diálogo.

-Si… No se de que tanto te quejas si tu también te diviertes… -Una vez más clavó sus colmillos en la dulce carne del fruto y cerró los ojos para así poder concentrarse más en la degustación. – Y mucho a decir verdad… -Escuchó como el aludido resoplaba a sus espaldas con evidente fastidio.

-Acéptalo amigo… Tu más que nadie esperas estas noches… -El menor de los tres tenía los brazos cruzados detrás de la nuca y estaba recostado sobre el borde del edificio, uno de sus pies se apoyaba en el mismo, mientras que el otro colgaba en el abismo. Su sonrisa siniestra se ensanchó, cuando la mirada del mayor se enfocó en él.

-¿No lo sienten? –Hasta ahora había estado sentada en el filo de la construcción, pero ahora se incorporaba sobre el mismo, dejando que el viento jugara con sus largos cabellos y llamando la atención de los otros dos. –Hoy será una noche muy entretenida…

-Hoy hay luna llena… -Siendo el mayor de ellos tres, Brod siempre escondía sus ansias detrás del velo neutral de su voz.

-Si hermanito… Puedo oír como la sangre golpea en ellos con violencia y rapidez…

-¿Entonces qué estamos esperando? –Logan se puso de pie también e hizo tronar su cuello. Su sonrisa blanca destilaba impaciencia.

-Nada… -Soltó el resto de la manzana, apenas empezada, y la vio caer lentamente hasta que la oscuridad del olvido terminó de tragarse el rojizo y dulce fruto.

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