miércoles, 8 de diciembre de 2010

Vejez



Pasta a la boloñesa…
Observaba como los ojos somnolientos de su madre seguían el camino de la albóndiga, que ella misma trazaba con el cucharón, hasta el plato. La cena era un reflejo más de aquél  sábado atrapado entre las insistentes cortinas de lluvia. Un menú veloz, consistente y satisfactorio: la opción perfecta para aquellos días lerdos y perezosos en los que sólo el pensamiento de entrar en la cocina era demasiado tedioso.
Se encontraba sentada esperando a que su plato también fuera servido, cuando un sonido molesto y constante llamó su atención. Aparentemente Lucas no pretendía darse por vencido y atacaba sus estudios aun sobre el mantel. Un grueso volumen acaparaba la mitad de su individual, mientras su mano nerviosa hacía golpear, de forma frenética, el lápiz contra el borde del libro (ahí estaba el origen del desesperante ruido). Su hermano tenía el ceño fruncido y su mirada parecía querer atravesar las hojas más que leerlas. Realmente le parecía increíble como un tema tan falto de imaginación, arte y creatividad podía editar un libro que rondaba las novecientas páginas (sólo la carátula llena de números y símbolos era suficiente para hacer nacer el pánico en ella, no quería ni imaginar el contenido). Aun más fascinante era la capacidad de Lucas de crear –y extender de forma ridícula– conversaciones acerca de la cuestión. El asunto pasaba a ser fastidioso cuando su padre era atrapado por la emoción del mayor de sus hijos y se desarrollaba una acalorada discusión que –de una forma que ella no lograba entender– terminaba transformando las “inocentes” matemáticas en “dulce” economía.
Aquel nuevo personaje que había entrado en la corriente de sus pensamientos desvió su atención de su aplicado hermano. Ahora contemplaba a su padre, mientras este le daba las últimas ojeadas al periódico del día. Un hombre multifacético con una personalidad colorida y gustos imposibles de clasificar. Una figura de cuerpo atlético y altura imponente; músculos desarrollados a lo largo de cincuenta años y una resistencia que cualquier veinteañero en un equipo de las ligas mayores envidiaría. Una mente brillante y habilidosa; rápida y astuta, que no habría dudado en retar al mismísimo Einstein en las olimpiadas nacionales de física de haber sido eso posible. Un alma cariñosa y llena de bondad; influenciada por la justicia y la moral, que había terminado desembocando en la seguridad y bienestar de su pueblo. Leonardo estaba lleno de energía, era un genio en todos los sentidos de la palabra y representaba el orgullo de la policía nacional con mucho entusiasmo. Era la imagen a seguir en su cabeza desde que esta había comenzado su interminable labor de coleccionar memorias. Era el héroe que llegaba a la hora de la cena con un abrazo de oso para sus hijos y un tierno beso para su esposa
Inmediatamente sus ojos se enfocaron en el siguiente puesto. Piel morena y de porcelana; cabellos de movimientos atrevidos y tentadores; mirada de brillos resplandecientes, y una sonrisa entre angelical y arrebatadora que desconcertaba a cualquiera. Una mujer de contextura exótica, carácter único y energía inagotable. Dueña de una voluntad capaz de mover sierras enteras con el suave empuje de las yemas de sus dedos. Dama de tal control que hasta el feroz león se volvería vulnerables con sólo el sutil murmullo de su voz. Una identidad marcada por viajes lejanos, relatos fantásticos y experiencias inexplicables. Su madre era un ser así de mágico, pero esto la gente no lograba comprenderlo. Hablaban de su esencia como si fuera algo obvio, pero ella dudaba mucho que tuvieran alguna idea de a lo que se referían. Luego hacían la comparación y delataban las similitudes que ambas parecían tener, pero que ninguna de las dos lograba distinguir. Todo es cuestión de esencia repetían una y otra vez. La misma cara de monedas distintas, diferentes resplandores en miradas iguales.
¿Habrían dicho lo mismo de Sara? Aquellos familiares lejanos y desconocidos (esos que uno sólo reconoce porque momentos antes del encuentro alguien comentó casualmente el trasfondo del personaje) parecían repetirlo una y otra vez en cada uno de los enormes festines que tenían como misión reunir las dispersas ramas del árbol genealógico: “Laura es la viva imagen de su madre”. Si aquello era verdad… ¿sería ella la viva imagen de su abuela? ¿Tendrían esas similitudes algo más que la vejez simplemente no podía distorsionar? Algo así como la esencia…
-¡Lía! –El sobresalto la sacó repentinamente de su letargo. Ya los platos estaban servidos y el aroma condimentado acariciaba su rostro suavemente. Por debajo de la mesa Rusty se divertía lamiendo los dedos de sus manos. En ese momento se dio cuenta de que mientras divagaba en sus pensamientos no había dejado de jugar nerviosamente con la pequeña caja que había sacado del baúl en el sótano. En seguida la guardó en el bolsillo de su chaqueta. -¿Lía, estás bien? –Su madre la observaba preocupada e incluso su hermano y su padre habían dejado sus lecturas para mirarla con ojos desconcertados. ¿Cuánto tiempo había estado hundida en sus cavilaciones? Sólo segundos…
-¡Si, estoy bien! –Sus labios se curvaron en una enorme sonrisa, mientras tomaba su tenedor. Sentía la emoción mezclarse con la curiosidad. ¿Podría ese baúl lleno de recuerdos escritos, imágenes congeladas y vivencias remotas contar lo suficiente como para responder a la nueva incógnita que su mente acababa de descubrir? ¿Tendría Sara su misma esencia, así como ella tenía la de Laura y Laura la de Sara? Acarició la cabeza de Rusty por debajo de la mesa. Luego de la cena ambos bajarían nuevamente al sótano y comenzarían la investigación.
Por el momento disfrutaría la lluvia de aquél sábado lerdo, mientras la acompañaba con pasta a la boloñesa…
***
Ahí está el escrito con las seis palabras (vejez, viajes, estudios, investigación, policía, economía) que me dio Dorita... =)

2 comentarios:

  1. My darling: ya lo leí...me sigue gustando! Voy a darte unas más, pero me gustaría que el siguiente sea con palabras de alguien más! Pide a tus compañeras del cole que te las envíen! Así lo hacemos más interesante,
    ti voglio bene, bambina
    Dorita

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  2. :) tedio, perseverancia, insignificante, ansiedad, chocolate, escalera, amor profundo

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