miércoles, 1 de diciembre de 2010

Tesoro



Observaba la lluvia a través de la ventana con la cabeza apoyada sobre sus brazos. Sus ojos se perdían en la nada, hacía rato ya que habían dejado atrás el vidrio empañado y salpicado de gotas, los tejados rojos y empapados, y las lejanas montañas del horizonte.

Entonces su cuerpo suspiró sin que ella así se lo pidiera. La obligaba a volver de sus ensoñaciones y a recordar que su aburrimiento no sería tan fácil de vencer. Durante esos pocos segundos se llevó la tostada mordida una vez más a la boca. El sabor dulce de la mermelada la hacía creer que era una sensación irreal. El fuerte color entre rojizo y morado de la miel contrastaba de forma alarmante con los matices grises de su alrededor, su habitación, su cama y hasta su perro... ¿Acaso el mundo se estaba quedando sin color?

El Golden, que hasta esos momentos se había mantenido aplastado en la alfombra, se levantó emocionado y comenzó a ladrar y a menear la cola al ver que su dueña volvía a dar señales de vida. De repente sus ojos recobraron la claridad de la visión ante el estruendoso sonido que provocaba el animal. Las paredes recuperaban su tono marrón, la lámpara era mostaza de nuevo y su cobija era verde otra vez.

Sus músculos se llenaron de vitalidad y su sangre comenzó a bombear a través de todo su cuerpo. -¡Tienes razón Rusty! –Se acuclilló frente al dorado canino y le acarició con efusividad la enorme cabeza. –Si el aburrimiento no me quiere dejar tranquila… Huiré de él…

Sin pensarlo más terminó de engullir la tostada y salió de su habitación a medio correr. Bajó las escaleras hasta llegar a la puerta del cuarto de su hermano, y abrió la puerta en silencio apenas para poder ver por una pequeña rendija. Estudiaba: Los anteojos sobre el puente de su nariz, el cabello completamente revuelto y su mirada azulina clavada en los libros. Aburrido…

Continuó su recorrido hasta llegar a la sala, siempre con Rusty siguiéndola, el también disfrutando de aquel juego sin sentido. De nuevo se asomó sin delatarse. Su padre observaba la televisión con expresión neutral y su madre roncaba a pierna suelta con la cabeza sobre los regazos de este. Suspiró esta vez con frustración. ¿Qué acaso era la única con necesidad de un poco de emoción?

Siguió andando hasta que sus piernas la llevaron a la pequeña puerta del sótano. Enarcó una ceja con desgano y luego volvió a ver al canino que se había sentado sobre sus cuartos traseros a su lado, siempre meneando la cola y con expresión atenta. Sonrió ante la iniciativa de su compañero. -¿No tenemos nada que perder cierto…? –Rusty ladró.

Giró la manecilla y comenzó el descenso al oscuro y frío cuarto. Había bajado un millón de veces, pero nunca había prestado realmente atención al contenido de aquella habitación… Muebles viejos, cuadros empolvados, accesorios de verano, herramientas oxidadas, y un baúl negro arrinconado en una esquina… Aquello concentró toda su atención. Era de metal y los engranajes estaban bañados en bronce. Estaba cerrado con un candado pequeño y un poco afectado por el tiempo, pero las llaves estaban pegadas a este. Sonrió ante su suerte.

Al levantar la tapa un olor a guardado y humedad se liberó de su encierro milenario. Dentro una cantidad de tesoros abarrotados esperaban que sus recuerdos fueran revividos. Cuadernos con hojas amarillentas, una rosa seca, fotos en blanco y negro de gente irreconocible, libros con nombres barrocos y tapas agrietadas… Y una caja cerrada con una delicada cinta blanca la cual amarraba una pequeña tarjeta también.

Para Sara
De Juan Pablo

Era de su abuela difunta. Aquel había sido un regalo de su abuelo para ella. Sonrió sintiendo como la melancolía se arremolinaba en su interior. Al abrir la cajita pudo ver un hermoso brazalete color plata con una rana. Los detalles eran increíbles para ser una figura tan pequeña.

¿Cuánto podía tener aquel objeto? Si el baúl había pertenecido a su abuela, y todo lo que ahí se encontraba eran sus preciados recuerdos, aquel regalo debía de ser de mucho antes de su boda.

-¡Erick, Lía, bajen ya! –La soñolienta voz de su madre hizo que diera un respingo. –¡Vamos a cenar! –Rusty ladró emocionado y corrió hasta la cocina. -¡Chicos, no los vuelvo a llamar!

Cerró el baúl rápidamente y se guardó el brazalete en el bolsillo. Luego tendría más tiempo para investigar todo el contenido de aquel tesoro escondido a fondo. Subió las escaleras, cerró el sótano de nuevo y corrió hasta la cocina. Cuando llegó su familia entera la observó con confusión.

-¿Lía, donde andabas metida que estás llena de polvo?


***

Esto fue escrito utilizando cinco palabras que alguien (ya no me acuerdo realmente... Posiblemente Laura... =9) me dio: Tesoro, Rana, Cobija, Mermelada, Lluvia. La idea era escribir algo completamente independiente de lo que pudiera haber en mi cabeza, algo así como un reto para desarrollar la imaginación y mejorar mi estilo se podría decir... Así que también me gustaría que me dieran más opciones de palabras para escribir algo y luego lo publicaría!!!! =D

1 comentario:

  1. Monchita: Como ya me dejaste enganchada en la historia, te pongo de tarea, continuar con la historia con estas palabras: vejez, viajes, estudios, investigación, policía, economía. Qué fácil!!!
    Tu #1 FAN

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