viernes, 24 de diciembre de 2010

Delfos



Se levantó asustada y con las pulsaciones aceleradas. Su mirada descontrolada recorrió con velocidad el lugar donde se encontraba. En seguida sus nervios comenzaron a apaciguarse lentamente. No tenía ni idea de cómo había llegado ahí, nunca lograba entender como llegaba ahí, pero no era la primera vez. En un principio el pánico se había apoderado de ella cada vez que despertaba en lo que había empezado a llamar “La Nada”, ahora el miedo se evaporaba segundos después de que habría los ojos… Nada más tenía que esperar a volver y todo estaría bien de nuevo…
Suspiró pesadamente y se levantó apoyando sus manos en la hierba húmeda. El bosque la rodeaba, tan impenetrable como la noche, tan profundo como el océano. Como siempre lo hacía, optó por una dirección desconocida. Sea como sea siempre llegaría al mismo lugar. Comenzó a andar con paso lento, notando la soledad que envolvía aquel lugar de vida inmóvil. El follaje era verde, los troncos altos y fuertes, por no había señal alguna de que algo más se escurriera entre las sombras de aquel lugar imposible de alcanzar para la humanidad.
¿Por qué estaría ahí esta vez? No había nada en especial, no había  encontrado nada en específico… Trataba de recordar cada una de las imágenes que pudieran tener algún tipo de importancia, pero o su memoria no quería cooperar o simplemente no había nada que ameritara su estadía en aquel extraño paraíso. ¿Y cuándo aparecería? A veces caminaba horas… A veces no necesitaba más que poner un pie fuera del claro en el que siempre despertaba… Esperaba que esta vez fuera rápido, quería volver a su mundo una vez más… Cada vez se le hacían más insoportables sus estadías en ese lugar sin nombre… Lo que encontraba ahí era cada vez más pesado para su conciencia…
El sonido de agua destruyó la paz sin vida que rodeaba a los árboles. Esa era la señal. Comenzó a correr, pero de nuevo esa era una acción realmente inútil. Podía correr una maratón hasta llegar a la laguna con su catarata de espuma blanca, o podía dar un par de saltos y estar ahí en segundos. En esa ocasión no fue necesario esperar demasiado antes de ver la luna, siempre llena, reflejada en el líquido negro.
-Ya estoy aquí… -Observó a su alrededor, la copa de los árboles, las piedras lisas, la cueva escondida detrás de la cortina de agua, la laguna en si… -¿Qué quieres esta vez de mi…? –Una risilla molesta acompañó el burbujeo del agua en movimiento.
-Deberías saber ya que tú presencia en este bosque significa que tú quieres algo de mí… No yo de ti… -Frunció el ceño al no poder encontrar el origen de la voz.
-Nunca he venido por mi propia voluntad…
-Eso no elimina el hecho de que igual vengas… -Resopló con resignación. Aquello duraría toda la noche, y en aquel lugar la noche era eterna. En seguida se dirigió a una piedra especialmente grande y se sentó sobre esta. En aquella ocasión se encontraba justo en el borde de la masa de agua. En otras ocasiones sin embargo podía estar en medio de la misma, a veces en los lindes del bosque, a veces acompañada de otras más pequeñas… Un escalofrío recorrió su espalda al sentir el frío muerto hacer contacto con su piel, apenas cubierta con una bata delgada para dormir…
 -¿Entonces que me vas a contar esta vez…? –Su mirada se fijó en el agua que corría interminablemente, su acompañante podía aparecer en cualquier momento, en una rama, en la superficie líquida, a su lado… o simplemente podía mantenerse en las tinieblas y hablarle desde ahí.
-¿Qué es lo que te inquieta…?
-Nada… -Abrazó sus piernas, en cualquier momento comenzaría a tiritar…
-Si no fuera nada no estarías aquí… -Un movimiento entre las sombras llamó su atención.  Lo había visto con claridad… Rojo, peludo, esponjoso… Era él.
-Ya estuve pensándolo antes de encontrarte… No hay nada…
-Sabes que no me puedes encontrar a menos de que sepas que es lo que buscas… -Sintió algo cálido contra su espalda. No se molestó en volverse… Era él.
-Entonces dime que es lo que me inquieta… Tú lo sabes.
-No puedo…  -Finalmente rodeó la enorme roca hasta quedar frente a ella. Sus pies desnudos eran lamidos por el agua que iba y venía. Subió la mirada hasta encontrarse con la de él. Sus pupilas felinas no encajaban con sus orejas caninas y su esponjosa cola de zorro. En un principio aquello había sido una imagen realmente interesante. Había creído simplemente que el chico tenía algún fetiche extraño y le gustaba disfrazarse de animal… Luego de jalarle la cola y las orejas con insistencia terminó por aceptar que eran extensiones reales de su cuerpo. No era humano, no era animal… Era un híbrido… Mitad hombre, mitad zorro…
-¿Por qué no…? –Apoyó su barbilla sobre sus brazos cruzados alrededor de sus piernas, siempre con la mirada fija en él.
-Porque yo no soy el oráculo…
-Pero tú eres el que me muestra las cosas…
-Yo te muestro, lo que tu mente ya me ha mostrado…
-¡Entonces muéstrame, si ya lo has visto!
-No puedo… -Se disipó entre volutas de color maracuyá. Intentó aferrarse a él para que no escapara, pero lo único que logró fue resbalar al agua. Comenzaba a impacientarse. Si no lograba saber porque estaba ahí, no podría salir tampoco. Se incorporó sin poder evitar transmitir el enojo que se pintaba en sus mejillas.
-¿Dónde estás? ¡Deja de jugar!
-Tienes que buscar aquí…. –Nuevamente aquella presencia en su espalda. Le hablaba justo al oído y su dedo índice y corazón señalaban aquel lugar de su pecho donde se encontraba su corazón.
-Ya te dije… Ya lo intenté… No encontré nada…
-No mientas… Ya lo encontraste, pero no lo quieres ver… No lo quieres entender… ¿Tanto miedo le tienes?
-¡No seas tonto! –Se giró bruscamente y lo empujó con fuerza y rabia. Para su sorpresa este cayó sentado, empapándose también.
-Entonces si lo sabes… -Realmente no tenía ni idea, pero si sabía que escondía algo.
-No lo sé…
-Si no lo supieras no estarías aquí…
-Quiero respuestas… -Nuevamente se disipó como humo y apareció frente a ella. Su mirada gatuna a sólo centímetros de la suya propia. Su mano fría sujetando su mentón para que no pudiera escapar.
-Te daré respuestas… -Segundos eternos de silencio. –Lo que no duele no sirve… Y a ti te duele, duele hasta los confines de tu alma… Te dolía la herida cuando fue abierta, te duele cuando la recuerdas, y te dolerá como una cicatriz que te acompaña siempre… Lo que no duele no sirve… Y a ti te sirve, porque te demuestra que es verdad, que está ahí presente y que no puedes hacer nada para evitarlo… Es puro y real, vive… Pero no sólo eso… Lo que no duele no sirve, pero lo que no mata, tortura… Y a ti no te ha logrado matar, porque si lo hubiera hecho no estarías aquí… No estarías aquí buscando respuestas, no estarías aquí luchando contra tu propia conciencia, no estarías aquí tratando de descubrir algo que aligere tu dolor, que le dé una razón… Por eso te tortura… Porque no lo puedes dejar ir, porque no lo quieres dejar ir… Porque prefieres sentir el dolor que te sirve para darte cuenta de la verdad, antes que morir y no volver a sentir esa tortura que desequilibra tu corazón…
Una sonrisa que oscilaba entre la ternura y el orgullo cubrió ese rostro iluminado por la luna siempre llena. La miraba sabiendo que no tenía nada que esperar, que aquello sería suficiente, que ya sólo hacía falta el momento en que ella volviera a su mundo, aun así aquellos dedos pálidos y largos no liberaba su rostro. La calidez que comenzaba a resbalar por sus mejillas contrastaba con el frío de la noche. Estaba llorando silenciosamente, pero si no huía pronto, comenzaría a sollozar lastimosamente.
-Ya te di respuestas… Ya sabes lo que tu corazón anhela… Ya sabes lo que te espera en el futuro… Ahora vuelve… Despierta… Y continúa viviendo…   

viernes, 17 de diciembre de 2010

Caperucita Roja



Baila con su vestido rojo, rojo como los pétalos del rosal, rojo como el vino dulce, rojo como las densas gotas de sangre, rojo como la pasión de su alma… Salta, gira, ríe, baila mientras su vestido rojo revolotea alegremente a su alrededor, mientras se infla con el viento, mientras se aferra a sus piernas desnudas…
Sus pies descalzos se entierran en el barro con movimientos infantiles, se deslizan libremente, chapotean sin cuidado. Sus dedos juegan con la tierra, disfrutan de las traviesas cosquillas… Salta, gira, ríe, baila mientras el vestido rojo sigue sus movimientos a la perfección, con una sincronización absoluta, sin chistar… Baila mientras el barro mancha el vestido rojo, rojo como los pétalos del rosal, rojo como el vino dulce, rojo como las densas gotas de sangre, rojo como la pasión de su alma…
Sus cabellos como chocolate derretido se mezclan con hebras de oro y cobre bajo la luz de la luna. Fluyen como el agua, fluyen con la lluvia, fluyen infinitamente sobre la seda empapada del vestido rojo. Se acarician sin vergüenza alguna, se enredan torpemente, se funden en un solo danzar los cabellos como el chocolate derretido y el vestido rojo como los pétalos del rosal, rojo como el vino dulce, rojo como las densas gotas de sangre, rojo como la pasión de su alma…
Sus ojos brillan como esmeraldas venenosas, su sonrisa resplandece como perlas en el océano, sus mejillas sonrosadas arden bajo la lluvia que las recorre, resaltan sobre su piel nívea, combinan con la seda empapada del vestido rojo… Salta, gira, ríe, baila con su susurrante voz como única melodía, con su vestido rojo como único acompañante…
Sus manos sin guantes, sus dedos inquietos, sus hombros desnudos, el escote inocente delineado por el vestido rojo… Sudan con el movimiento, se manchan con el barro, juegan con los cabellos como el chocolate derretido, se guían por los deseos de esmeraldas venenosas, de la sonrisa resplandeciente como perlas en el océano, de las mejillas sonrosadas que arden bajo la lluvia que las recorre… Salta, gira, ríe, baila con la seda empapada del vestido rojo…
Ven, ven Lobo Feroz… ¿Por qué te escondes, Lobo Feroz…? Deja tu mirada de cachorro, Lobo Feroz… ¿Por qué te escondes, Lobo Feroz…? Ven, ven Lobo Feroz… ¿Por qué te escondes, Lobo Feroz…? Deja tu disfraz de oveja, Lobo Feroz… Ven, ven Lobo Feroz… Ponte mi vestido rojo… Rojo como los pétalos del rosal, rojo como el vino dulce, rojo como las densas gotas de sangre, rojo como la pasión de mi alma…   

viernes, 10 de diciembre de 2010

Cisnes



Cada lenta exhalación se transformaba en neblina blanca que en segundos se dispersaba hasta desaparecer. Su cuerpo se encontraba recostado contra la rugosa corteza del desnudo cerezo, mientras que sus piernas se extendían, completamente sin fuerzas, frente a él. Sus músculos se contraían dolorosamente tratando de repeler el frío y su mano se aferraba tercamente a la vida que se escurría entre sus dedos entumecidos. Aquella calidez era lo único que le recordaba que esa era la realidad y no una cruel ilusión.
Escuchaba su pesada respiración. Sentía sus débiles y pesados párpados. Imaginaba sus labios helados con ese exótico color púrpura que invita a la muerte. No quería cerrar los ojos, porque sabía que ese sería el fin. Aun así el fin era algo inevitable que sólo le estaba dando unos últimos momentos para que compartiera con ese yo que se escondía en las profundidades de su ser. Eso lo entendía también.
En un último intento esperanzado por escapar de lo ya decidido, buscó vida. Necesitaba algo que detuviera el lento escape de su esencia, pero el mundo parecía darle la espalda en esos momentos. El sol observaba con su brillo opaco, esperando ese instante en que se daría por vencido. El río fluía ruidosamente; ese borboteo ahogaba cualquier intento de su cuerpo por hacerse notar.  Los cisnes flotaban con elegancia; curvaban y estiraban sus largos cuellos; lo miraban con orbes negros e indiferentes, mientras le mostraban aquellos corazones vacíos que sus alas formaban al arquearse. Era momento de aceptar la verdad.
Lágrimas cálidas bañaron sus mejillas congeladas, pero en vez de sollozos fue una débil y lastimera risa la que surgió desde lo profundo de su agotado corazón. Levantó la mirada por última vez y contempló las ramas desnudas, que se alzaban al cielo. Ellas estaban en completa armonía con la vida y la muerte… Entonces comprendió todo.
Su cuerpo descansaría ahí hasta que fuera el momento indicado de despertar nuevamente. Entonces el viento lo mecería en tardes soleadas y sus memorias volarían en forma de delicadas hojas hasta los confines del universo.
Su mirada cayó de nuevo, ya no tenía más fuerzas siquiera para sostener su cabeza. Renuente, soltó su pecho herido y observó su mano bañada en sangre. Los últimos vestigios de su existencia goteaban sobre la nieve, manchando su blanca pureza. Sonrió por última vez... Aquello le daría color a los tiernos pétalos de cerezo en primavera…
Cerró los ojos y entregó su último aliento. Así el mundo podría continuar sin él…  

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Vejez



Pasta a la boloñesa…
Observaba como los ojos somnolientos de su madre seguían el camino de la albóndiga, que ella misma trazaba con el cucharón, hasta el plato. La cena era un reflejo más de aquél  sábado atrapado entre las insistentes cortinas de lluvia. Un menú veloz, consistente y satisfactorio: la opción perfecta para aquellos días lerdos y perezosos en los que sólo el pensamiento de entrar en la cocina era demasiado tedioso.
Se encontraba sentada esperando a que su plato también fuera servido, cuando un sonido molesto y constante llamó su atención. Aparentemente Lucas no pretendía darse por vencido y atacaba sus estudios aun sobre el mantel. Un grueso volumen acaparaba la mitad de su individual, mientras su mano nerviosa hacía golpear, de forma frenética, el lápiz contra el borde del libro (ahí estaba el origen del desesperante ruido). Su hermano tenía el ceño fruncido y su mirada parecía querer atravesar las hojas más que leerlas. Realmente le parecía increíble como un tema tan falto de imaginación, arte y creatividad podía editar un libro que rondaba las novecientas páginas (sólo la carátula llena de números y símbolos era suficiente para hacer nacer el pánico en ella, no quería ni imaginar el contenido). Aun más fascinante era la capacidad de Lucas de crear –y extender de forma ridícula– conversaciones acerca de la cuestión. El asunto pasaba a ser fastidioso cuando su padre era atrapado por la emoción del mayor de sus hijos y se desarrollaba una acalorada discusión que –de una forma que ella no lograba entender– terminaba transformando las “inocentes” matemáticas en “dulce” economía.
Aquel nuevo personaje que había entrado en la corriente de sus pensamientos desvió su atención de su aplicado hermano. Ahora contemplaba a su padre, mientras este le daba las últimas ojeadas al periódico del día. Un hombre multifacético con una personalidad colorida y gustos imposibles de clasificar. Una figura de cuerpo atlético y altura imponente; músculos desarrollados a lo largo de cincuenta años y una resistencia que cualquier veinteañero en un equipo de las ligas mayores envidiaría. Una mente brillante y habilidosa; rápida y astuta, que no habría dudado en retar al mismísimo Einstein en las olimpiadas nacionales de física de haber sido eso posible. Un alma cariñosa y llena de bondad; influenciada por la justicia y la moral, que había terminado desembocando en la seguridad y bienestar de su pueblo. Leonardo estaba lleno de energía, era un genio en todos los sentidos de la palabra y representaba el orgullo de la policía nacional con mucho entusiasmo. Era la imagen a seguir en su cabeza desde que esta había comenzado su interminable labor de coleccionar memorias. Era el héroe que llegaba a la hora de la cena con un abrazo de oso para sus hijos y un tierno beso para su esposa
Inmediatamente sus ojos se enfocaron en el siguiente puesto. Piel morena y de porcelana; cabellos de movimientos atrevidos y tentadores; mirada de brillos resplandecientes, y una sonrisa entre angelical y arrebatadora que desconcertaba a cualquiera. Una mujer de contextura exótica, carácter único y energía inagotable. Dueña de una voluntad capaz de mover sierras enteras con el suave empuje de las yemas de sus dedos. Dama de tal control que hasta el feroz león se volvería vulnerables con sólo el sutil murmullo de su voz. Una identidad marcada por viajes lejanos, relatos fantásticos y experiencias inexplicables. Su madre era un ser así de mágico, pero esto la gente no lograba comprenderlo. Hablaban de su esencia como si fuera algo obvio, pero ella dudaba mucho que tuvieran alguna idea de a lo que se referían. Luego hacían la comparación y delataban las similitudes que ambas parecían tener, pero que ninguna de las dos lograba distinguir. Todo es cuestión de esencia repetían una y otra vez. La misma cara de monedas distintas, diferentes resplandores en miradas iguales.
¿Habrían dicho lo mismo de Sara? Aquellos familiares lejanos y desconocidos (esos que uno sólo reconoce porque momentos antes del encuentro alguien comentó casualmente el trasfondo del personaje) parecían repetirlo una y otra vez en cada uno de los enormes festines que tenían como misión reunir las dispersas ramas del árbol genealógico: “Laura es la viva imagen de su madre”. Si aquello era verdad… ¿sería ella la viva imagen de su abuela? ¿Tendrían esas similitudes algo más que la vejez simplemente no podía distorsionar? Algo así como la esencia…
-¡Lía! –El sobresalto la sacó repentinamente de su letargo. Ya los platos estaban servidos y el aroma condimentado acariciaba su rostro suavemente. Por debajo de la mesa Rusty se divertía lamiendo los dedos de sus manos. En ese momento se dio cuenta de que mientras divagaba en sus pensamientos no había dejado de jugar nerviosamente con la pequeña caja que había sacado del baúl en el sótano. En seguida la guardó en el bolsillo de su chaqueta. -¿Lía, estás bien? –Su madre la observaba preocupada e incluso su hermano y su padre habían dejado sus lecturas para mirarla con ojos desconcertados. ¿Cuánto tiempo había estado hundida en sus cavilaciones? Sólo segundos…
-¡Si, estoy bien! –Sus labios se curvaron en una enorme sonrisa, mientras tomaba su tenedor. Sentía la emoción mezclarse con la curiosidad. ¿Podría ese baúl lleno de recuerdos escritos, imágenes congeladas y vivencias remotas contar lo suficiente como para responder a la nueva incógnita que su mente acababa de descubrir? ¿Tendría Sara su misma esencia, así como ella tenía la de Laura y Laura la de Sara? Acarició la cabeza de Rusty por debajo de la mesa. Luego de la cena ambos bajarían nuevamente al sótano y comenzarían la investigación.
Por el momento disfrutaría la lluvia de aquél sábado lerdo, mientras la acompañaba con pasta a la boloñesa…
***
Ahí está el escrito con las seis palabras (vejez, viajes, estudios, investigación, policía, economía) que me dio Dorita... =)

martes, 7 de diciembre de 2010

Sueños



Es una tortura despertar de un sueño anhelado. Es un martirio darse cuenta de que las sensaciones y los sentimientos se esfuman con la luz. El tormento que provoca el peso de la realidad sobre lo deseado doblega hasta al hombre más atrevido y valiente.

Son nuestros pensamientos más profundos, nuestros secretos más oscuros, nuestras verdades más dolorosas las que adquieren un cuerpo sólido. Se vuelve tangible, horrorosamente verídico. La ilusión crea culpa y a la vez satisfacción, pero el camuflaje y la euforia no duran infinitamente.

¿Por qué lo prohibido se vuelve tan necesario? ¿Por qué la tentación altera todo nuestro carácter?

Somos portadores del mal natural. Somos seres destinados a sufrir los mismos pesares que dieron origen a la humanidad. Nosotros los recreamos con nuestro día a día, con nuestra necedad sorda, con nuestra visión nublada.

La falta de sustento es lo que nos termina de matar. Aquel aire que respiramos, pero no encontramos en nuestros más profundos deseos. Queremos implementarlo, queremos mezclarlo y engañarnos con cuentos de hadas y finales felices. El resultado es atroz, una caída desde las alturas, un golpe seco.

¿Como podemos confundir tales polo? Son tan similares, pero a la vez tan disparejos. La distancia descomunal entre ellos es tanta que la coexistencia se vuelve indestructible. Necesitamos uno mientras repudiamos el otro, pero no podemos tener uno sin querer el segundo.

Soy una víctima privilegiada. El favoritismo me otorga los postres más exquisitos, que luego me arrebata descaradamente. La burla se ríe y me lo niega. Observa y se regocija. Disfruta mientras me enseña el camino al respiro, que luego colma con obstáculos.

Soy una servidora de mi cuerpo, una esclava de los placeres, una soñadora de sustento.     

lunes, 6 de diciembre de 2010

Sentidos



Los sentidos son capaces de tanto, generan mil deseos y sensaciones que atrapan a la persona y no la sueltan jamás. Yo, lastimosamente, he tenido la desgracia de caer en el espiral vicioso de los mismos, y, a mi pesar, solo aquellos con voluntad de acero pueden escapar, porque otros, como yo, simplemente no lo querrían.

No recuerdo el momento con exactitud. Sólo se que mi mirada perdida se fijó en algo de sorprendente atracción. Nunca antes mis ojos distraídos habían visto tal cosa y era inevitable que mi atención fuera absorbida. En seguida olvidé mí alrededor, olvidé mis pensamientos, y me olvidé. ¿Qué era eso? Una estructura tan arrolladora, tan geométrica, tan flexible…

Tampoco recuerdo el lugar, la hora, o el porque. Solo tengo en mi memoria un conjunto de notas, de sonidos entrelazados que produjeron un vuelco en mi pecho. Mi oído se agudizó para percibir exactamente lo que aquella extraña y grave melodía relataba. Música de misterio, ritmo de pasión. ¿Qué me pasó? Estaba hipnotizada, había sido transportada a un mundo de sueños de sombras que clamaban ser destruidas con fuego…

Sería inútil insistir un tiempo determinado o en una ubicación establecida, sólo estoy segura de que la oscuridad parcial era cómplice. Ella fue la culpable de cualquier acción y si a alguien hay que hacer responsable es a la misma. Fue cuando mi piel se erizó, toda ella era consiente de un roce único, imprevisto. Al principio mi razón me ordenaba acabar con esa intromisión en mi espacio personal, pero yo me negaba rotundamente. Lo disfruté, y mucho. ¿Por qué? Fue inesperado, atrevido y algo totalmente desconocido; y cuando terminó yo hervía por dentro, talvez de ansiedad, sorpresa o deseo…

Lo siguiente no es una memoria, porque estas se han acabado; pero no puedo negar que aún quedan fantasías en mis pensamientos. Me pregunto que tan exótico puede ser un aroma desconocido, que tanto puede escurrirse dentro de mí. Es un golpe al cerebro que desarma toda defensa u ofensa, que droga cada neurona y relaja cada músculo. Tiene que ser único, incomparable, reconocible a la distancia de dos mares y con el aire salino entremezclado. ¿Por qué tan exigente? Si no fuera así, no sería capaz de despertar el instinto y la curiosidad, no tendría ese efecto lascivo que ciega.

Por último tendré que confesar que lo que más me inquita es el sabor que mi paladar tanto ansía. Tengo entre mis dedos una fruta de color vivo y pulpa carnosa y mi mente lo único que quiere saber es que sucedería si esta hace contacto con mi lengua. Tiene que ser ácida para que las reacciones sean tan fuertes como para nublar cualquier otra percepción. Tiene que ser capaz de contraer el cuerpo con miles de relámpagos y lograr el deleite máximo. ¿Por qué mi capricho? Es algo que definitivamente quiero experimentar…  

domingo, 5 de diciembre de 2010

Ya no


Cada vez el regreso se hace más difícil. Cada vez siento como mi cuerpo se envuelve en una densa y helada niebla. Cada vez mi razón, mi mente y mis pensamientos se distancian más de mis sentimientos y de mi corazón. Cada vez pierdo más calor y mi piel se vuelve inmune al frío.

Una mirada ya no es suficiente para que pida a gritos que me liberen. Una sonrisa necesita mucho más para fundir mi translúcido vestido. Un roce se siente muy lejano ahora que estoy enterrada en una profundidad gigantesca.

Necesito una mano que me impulse a liberarme, un aliento que me recuerde como respirar, un corazón que incite al mío a seguir latiendo, porque ya yo he olvidado como hacerlo.

Soy un autómata que no siente, no desea, no ama.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Cuento



Es una historia anónima. Un cuento lleno de ilusión, pero sin moraleja alguna. Simplemente hay que leer entre líneas para entender que la verdad no existe, que los sentimientos son una excusa, que lo único relevante es el momento, el aire y la perspectiva. No hay nada más que contemplar.

Puede decirse que participan personajes, seres que representan un papel que no está escrito. Ellos no están sometidos a los deseos de un ansioso autor, tampoco pertenecen a los sueños de un individuo que vuela en su imaginación. Solos se guían, solos actúan y no hay forma de interpretar sus movimientos, no hay forma de analizar su conducta.

 Hay que sentarse cómodamente para poder entender tal situación, ya que una explicación lógica no la hay. Simplemente no es racional. No tiene un principio definido, tampoco se puede esperar un final predeterminado. El cuerpo es difuso, desarrollado a base de tiras luminiscentes de niebla azul, nada tangible, nada explicable.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Erasmo de Róterdam



-Hay algo anormal en las pantallas…

-La aguja del tanque está bajando con demasiada rapidez…

-El tanque está a menos de la mitad…

-Eso es imposible… ¡Cuando partimos estaba lleno!

-Una fuga… ¡Tenemos que evacuar de inmediato!

-¿¡Qué…!?

Un estruendo fue lo último que se escuchó antes de que la señal del radar del “Escape” despareciera para siempre.

***

-¡Rodeen todo el museo! –Rugía por encima de los motores y el alboroto de los oficiales. -¡Que no quede ni un solo metro cuadrado sin peinar! –Sus pasos, fuertes y seguros, lo guiaban a la entrada del Kunsthistorisches Museum.

Sentía como la ira se arremolinaba dentro de él. Simplemente no podía creerlo. ¿Cómo era posible? ¿Acaso se estaban burlando de él? ¿Qué clase de loco dejaba una pista que llevara a su próxima acción? O talvez aquella nota no había sido más que una forma de irritar a la INTERPOL. Había leído otros expedientes que coincidían con el patrón de este caso, aun así los mensajes encontrados no delataban ningún tipo de información relevante. No eran más que frases provocativas que se burlaban de las autoridades.

Mientras ascendía por las escaleras de la entrada, observó a uno de sus oficiales esperándolo en la parte superior. Era su segundo al mando. El hombre no reflejaba emoción alguna, simplemente lo aguardaba para darle un resumido reporte acerca de la situación.

-Buenas noches, Señor…

-Buenas noches, Robben… ¿Algo que valga la pena?

-Encontramos una nota más… -La oleada de ira volvió a expandirse. Estaban jugando con él, ahora estaba seguro.

-¿Qué decía? –Mantenía siempre el tono inexpresivamente profesional.

-Es completamente diferente a las anteriores,  Señor… -Sintió como el oficial Robben dudaba por primera vez. –Está dirigida a alguien…

-¿A alguien? –El ladrón se estaba intentando comunicar directamente… -¿A quién?

-Ese es el problema, Señor… -Esta vez percibió confusión. –No sabemos a quien se refiere… -Se detuvo en seco y observó al oficial, sin embargo este no dijo nada más que pudiera esclarecer su nueva interrogante. Aquello no tenía lógica en absoluto.

-¿Dónde está el mensaje? –Retomó el paso. -¿Lo tienes tú?

-No, Señor. Aun no se ha removido de la escena del crimen…

Apresuró el paso inmediatamente. Por un momento dejó al oficial Robben atrás, pero este en seguida aceleró hasta estar a su altura de nuevo. Sólo podía pensar en la nota anterior y en lo que la recién encontrada diría.

“Avergüénzate Holanda, que te conformas con pequeñeces y no reclamas los orígenes…”

Habían tardado en descifrar el significado de aquella corta frase, pero al final había resultado más que evidente. Aquella noche había desaparecido “La pequeña torre de Babel”, y el ladrón había dejado muy claras sus intenciones: robaría también a su hermana mayor.

No se había equivocado y por eso ahora atravesaba los pasillos del museo de Viena, sin embargo había fallado en capturar al criminal por segunda vez. Eso era lo que más lo alteraba. En sus exitosos cinco años de carrera no había fallado ni una sola vez, y ahora se burlaban en su cara con notas y mensajitos. Apretó los puños enfundados en guantes de invierno.

Llegó a la escena del crimen. Los miles de trocitos de cristal se esparcían por el suelo, varios hombres y mujeres analizaban toda la habitación, y donde debería estar la famosa pintura, sólo se encontraba un papel doblado en tres. Ignoró a uno de los oficiales que intentó decirle algo y se dirigió directamente hacia la nota. Cuando la leyó, se le heló la sangre.

“¿Aun buscas la adrenalina, Lobo?”

                                          a
***
Realmente lo escribí hace mucho y no lo seguí........ jajaja así que ahí quedó... Igual lo subo, pero no tiene contuinación, porque realmente no me acuerdo cual era la idea o la trama... Tal vez en un futuro retome la idea principal y desarrolle otra historia... y esa si la sigo =9

jueves, 2 de diciembre de 2010



¿Por qué me das la espalda? ¿Por qué tu mirada escapa de la mía? ¿Por qué me temes…? El nerviosismo te carcome el alma al sentirme erizar la piel de tu cuello… Sé que intentas dejarme atrás cada vez que te sonrío desde los rincones más sombríos de tu vida…  Sólo reflejo tus deseos, encarno tus fantasías… Soy todo lo que quieres que sea… Y aun así… ¿me niegas?
Elévate conmigo… Déjame mostrarte la belleza del poder. Extiende tu mano y toma la mía. Sube hasta el Olimpo y contempla desde esa altura omnipotente la miseria de los mortales. Disfruta de tu grandeza y regálame una sonrisa devastadora que haga temblar los cimientos del mundo.
Pruébame, degústame, devórame… No dejes nada, porque mañana tal vez ya no tengas suficiente. Siente el licor arder en tu garganta y acaricia tus labios con duraznos, canela y almíbar… Para ti el sabor del mundo en bandeja de oro y platería…
Entrégate a mí… Ríndete… Ahora me perteneces, tú y cada fibra de tu ser… Haré desaparecer tu conciencia y perderé tus pensamientos entre las yemas de mis dedos. Jugaré con tus sentidos, haré que grites mi nombre entre sueños, serás prisionero de tus más profundos deseos… Serás mi prisionero.
Mírame, mírame y sufre… Porque yo soy lo que nunca serás, yo tengo lo que desearías hacer tuyo, represento eso que te es imposible. Frunce el ceño y aprieta los labios, reconoce como tu sangre se convierte en fuego. Acribíllame con la mirada mientras observas como mi esbelta espalda se aleja…
Deléitame con tu música… Abre tu garganta, grita y libera tus demonios… Permíteles escapar y arrasar la vida que te rodea. Alimenta las llamas de tu alma e incendia con ellas todo aquello que ose cruzar tu camino. No tengas compasión, no muestres misericordia…
Relájate… Libera tus músculos y permite a tu mente perderse detrás de ese manto vaporoso. Yo me llevaré tus preocupaciones, destruiré tus responsabilidades... Olvida tu mundo y desconoce a aquellos que te llaman por tu nombre. Nada más descansa…
Admírame, deséame… Deja que el brillo de mi oro se mezcle con el resplandor de tus pupilas. Busca el cofre del tesoro, regocíjate con lo tuyo, lo de ellos y con todo lo que te ofrezco... Busca, escarba, rasguña, no dejes que nada se escurra entre tus dedos.
¿Por qué huyes de mí? ¿Por qué continúas intentándolo? Sabes que es imposible… Yo soy tu reflejo, tu creación… Tú me diste nombre, tú me diste razón…  Me escondo detrás de cada uno de tus pensamientos, represento eso que sólo tú conoces. Por eso no pretendas hacerme desaparecer, porque cuando eso suceda desaparecerás conmigo también…

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Tesoro



Observaba la lluvia a través de la ventana con la cabeza apoyada sobre sus brazos. Sus ojos se perdían en la nada, hacía rato ya que habían dejado atrás el vidrio empañado y salpicado de gotas, los tejados rojos y empapados, y las lejanas montañas del horizonte.

Entonces su cuerpo suspiró sin que ella así se lo pidiera. La obligaba a volver de sus ensoñaciones y a recordar que su aburrimiento no sería tan fácil de vencer. Durante esos pocos segundos se llevó la tostada mordida una vez más a la boca. El sabor dulce de la mermelada la hacía creer que era una sensación irreal. El fuerte color entre rojizo y morado de la miel contrastaba de forma alarmante con los matices grises de su alrededor, su habitación, su cama y hasta su perro... ¿Acaso el mundo se estaba quedando sin color?

El Golden, que hasta esos momentos se había mantenido aplastado en la alfombra, se levantó emocionado y comenzó a ladrar y a menear la cola al ver que su dueña volvía a dar señales de vida. De repente sus ojos recobraron la claridad de la visión ante el estruendoso sonido que provocaba el animal. Las paredes recuperaban su tono marrón, la lámpara era mostaza de nuevo y su cobija era verde otra vez.

Sus músculos se llenaron de vitalidad y su sangre comenzó a bombear a través de todo su cuerpo. -¡Tienes razón Rusty! –Se acuclilló frente al dorado canino y le acarició con efusividad la enorme cabeza. –Si el aburrimiento no me quiere dejar tranquila… Huiré de él…

Sin pensarlo más terminó de engullir la tostada y salió de su habitación a medio correr. Bajó las escaleras hasta llegar a la puerta del cuarto de su hermano, y abrió la puerta en silencio apenas para poder ver por una pequeña rendija. Estudiaba: Los anteojos sobre el puente de su nariz, el cabello completamente revuelto y su mirada azulina clavada en los libros. Aburrido…

Continuó su recorrido hasta llegar a la sala, siempre con Rusty siguiéndola, el también disfrutando de aquel juego sin sentido. De nuevo se asomó sin delatarse. Su padre observaba la televisión con expresión neutral y su madre roncaba a pierna suelta con la cabeza sobre los regazos de este. Suspiró esta vez con frustración. ¿Qué acaso era la única con necesidad de un poco de emoción?

Siguió andando hasta que sus piernas la llevaron a la pequeña puerta del sótano. Enarcó una ceja con desgano y luego volvió a ver al canino que se había sentado sobre sus cuartos traseros a su lado, siempre meneando la cola y con expresión atenta. Sonrió ante la iniciativa de su compañero. -¿No tenemos nada que perder cierto…? –Rusty ladró.

Giró la manecilla y comenzó el descenso al oscuro y frío cuarto. Había bajado un millón de veces, pero nunca había prestado realmente atención al contenido de aquella habitación… Muebles viejos, cuadros empolvados, accesorios de verano, herramientas oxidadas, y un baúl negro arrinconado en una esquina… Aquello concentró toda su atención. Era de metal y los engranajes estaban bañados en bronce. Estaba cerrado con un candado pequeño y un poco afectado por el tiempo, pero las llaves estaban pegadas a este. Sonrió ante su suerte.

Al levantar la tapa un olor a guardado y humedad se liberó de su encierro milenario. Dentro una cantidad de tesoros abarrotados esperaban que sus recuerdos fueran revividos. Cuadernos con hojas amarillentas, una rosa seca, fotos en blanco y negro de gente irreconocible, libros con nombres barrocos y tapas agrietadas… Y una caja cerrada con una delicada cinta blanca la cual amarraba una pequeña tarjeta también.

Para Sara
De Juan Pablo

Era de su abuela difunta. Aquel había sido un regalo de su abuelo para ella. Sonrió sintiendo como la melancolía se arremolinaba en su interior. Al abrir la cajita pudo ver un hermoso brazalete color plata con una rana. Los detalles eran increíbles para ser una figura tan pequeña.

¿Cuánto podía tener aquel objeto? Si el baúl había pertenecido a su abuela, y todo lo que ahí se encontraba eran sus preciados recuerdos, aquel regalo debía de ser de mucho antes de su boda.

-¡Erick, Lía, bajen ya! –La soñolienta voz de su madre hizo que diera un respingo. –¡Vamos a cenar! –Rusty ladró emocionado y corrió hasta la cocina. -¡Chicos, no los vuelvo a llamar!

Cerró el baúl rápidamente y se guardó el brazalete en el bolsillo. Luego tendría más tiempo para investigar todo el contenido de aquel tesoro escondido a fondo. Subió las escaleras, cerró el sótano de nuevo y corrió hasta la cocina. Cuando llegó su familia entera la observó con confusión.

-¿Lía, donde andabas metida que estás llena de polvo?


***

Esto fue escrito utilizando cinco palabras que alguien (ya no me acuerdo realmente... Posiblemente Laura... =9) me dio: Tesoro, Rana, Cobija, Mermelada, Lluvia. La idea era escribir algo completamente independiente de lo que pudiera haber en mi cabeza, algo así como un reto para desarrollar la imaginación y mejorar mi estilo se podría decir... Así que también me gustaría que me dieran más opciones de palabras para escribir algo y luego lo publicaría!!!! =D