lunes, 21 de febrero de 2011

Singapur



Cádiz se encontraba en el inframundo… o donde sea que se encuentran los demonios… o donde sea que creen los humanos que se encuentran los demonios… Cádiz se encontraba en el inframundo recostada sobre su espalda mientras su cola felina, esponjosa y negra se agitaba nerviosamente. Sus piernas se mecían, suspendidas sobre la hirviente roca, y su ceño fruncido delataba el aburrimiento de aquellos ojos dorados.
Allí no había absolutamente nada interesante que hacer. El rey de reyes y emperador entre emperadores dominaba en esas tierras de fuego, ceniza y oscuridad; por lo que no era de extrañarse que la inactividad se hubiera cernido ya completamente por aquellos rumbos. Cuando lo consideraba oportuno el viejo saco de calcio ahumado se desperezaba en su trono de piedra caliza, haciendo sonar cada una de sus vértebras, y con un dedo huesudo y feo le ordenaba al que se encontrara más cerca que se ocupara de  algún humano desviado y pecador. El susodicho se desvanecía en un santiamén y unas cuantas décadas después volvía a aparecer en aquella tierra de cielo rojizo sangre y lagos negros como el hollín para encontrarlo todo exactamente igual.
Bufó molesta. ¿Cuantos cientos de años más pasaría ahí metida desperdiciando su energía? Era joven, hermosa, perfecta, divertida, talentosa, esforzada, responsable… quien sabe cuántos adjetivos más… ¿Y estaba en ese putrefacto hueco con olor a azufre esperando a que un viejo barbudo y decrépito le dijera que hacer? ¡Ni hablar! Se levantó de repente y comenzó a andar con paso firme, bamboleando sus caderas de un lado al otro, hasta llegar a una de las profundas posas dispersas en aquel paraje maligno y desierto. Entonces se acuclilló emocionada ante la escena que se desplegaba frente ella.
Humanos… Humanos por doquier… Humanos llorando, riendo, corriendo, gritando, besándose, sangrando, durmiendo, comiendo, duchándose, leyendo, bailando… Cientos, miles, millones de humanos… Humanos irradiando vibras de colores luminiscentes, fuertes y deliciosos… Humanos dejándose llevar por sus deseos y anhelos… Humanos sucumbiendo ante el pecado, rindiéndose ante sus debilidades… Eso era lo que ella deseaba… Humanos…
Sin pensarlo más se inclinó hacia delante sumergiendo su rostro en el metálico y helado líquido. En seguida sintió como su cuerpo era arrastrado por un vórtice poderoso y luego transportado a la más profunda oscuridad…
Cuando despertó de nuevo se encontraba desnuda entre altos matorrales silvestres. El sol brillaba suavemente y escuchaba el débil trino de alguno que otro pájaro. Había nubes que avanzaban lentamente, con pereza, y una brisa fresca que agitaba el mundo suavemente. Se puso en pie y sin rumbo alguno comenzó a andar tranquilamente...
Aquello no se parecía en nada a las imágenes caóticas y dinámicas que había visto en la posa. Estaba en un paisaje tranquilo, de montañas bajas y costas serenas. Ni rastro de ciudades agitadas, mercados sucios y suburbios peligrosos… Entonces vio a alguien andar por un delgado camino de piedra, no demasiado lejos de ella. Emocionada comenzó a correr hacia la persona hasta que el último tramo lo cubrió de un salto quedando frente al humano y provocándole un susto cardiaco. El hombre retrocedió un par de pasos de forma instintiva para luego quedar paralizado en su lugar. La observó de arriba abajo mientras sus ojos oscuros y aburridos comenzaban a llenarse de miedo.
Cádiz avanzó un poco mientras le dedicaba una sonrisa casi animal al frágil mortal frente a ella. Entonces las facciones del hombre se deformaron por completo y luego de soltar un gemido de pánico, comenzó a correr en dirección contrario. Frunció el ceño al ver como este huía de ella.
Entonces dio un nuevo salto veloz con el que cubrió la distancia que la separaba de su víctima. Lo tomó por la nuca con sus afiladas uñas como garras y con la ayuda de la inercia lo llevó al suelo. El hombre comenzó a removerse intentando por todos los medios librarse del agarre titánico. Mientras tanto ella sentía como el miedo emanaba de cada uno de sus poros. Delicioso…
-¿Dónde estoy? –Su voz era dulce e inocente. El hombre emitió más chillidos y lamentos de angustia. -¿Dónde estoy…? –Volvió a preguntar tranquilamente mientras apretaba más el cuello apresado en su mano.
-¡Sing… Singa… pur! –Sonrió complacida para luego terminar de cerrar el puño. Las cervicales crujieron bajo sus delgados dedos. Entonces se irguió de nuevo y comenzó a andar.  
-Singapur… -Repitió pensativa. –Singapur, Singapur… -Se mordió el labio, mientras buscaba entre sus recuerdos. –Singapur… -De repente una sonrisa descomunal se formó en su rostro. – ¡Singapur! –Exclamó finalmente cuando se hubo cerciorado de que en el inframundo… o donde sea que se suponía vivían lo que los humanos llamaban demonios… no había ningún lugar llamado Singapur…

sábado, 19 de febrero de 2011

Vernagó: El Tigre Dorado de Xefira




-¿Estás seguro… de que estamos bien? –Gael intentaba por todos los medios que su voz saliera ininterrumpida, pero su cuerpo no dejaba de tiritar bajo sus ropas y la pesada piel blanca de oso.
-¿Alguna vez me he equivocado? –Cluade le dedicó su tan característica mirada de suficiencia, pero sus facciones dejaban en evidencia que también estaba haciendo sus esfuerzos por mantenerse aislado del frío.
-¿Y por qué demonios… tenía que ser precisamente… en un desierto de hielo y nieve…? –La pregunta estaba cargada de reproche como si su compañero de grupo hubiera decido aquel destino por gusto.
-Porque es el lugar perfecto para confinar a la persona que buscamos… -Cyan mantenía sus ojos turquesa clavados en el horizonte, como si de verdad hubiera algo lo suficientemente interesante para ver que no fuera la nada. –Felicia…
-Cada vez… estamos… más cerca… -La mujer de cabellos oscuros ondulados y largos era la que estaba sufriendo más en aquel lugar. Su elemento hacía que aquellas bajas temperaturas fueran mortales y desde que se habían internado completamente en aquel clima agreste si acaso había dicho lo suficiente para contestar las palabras de Cyan.
-¿Cuánto nos falta?
-Unos… tres… kilómetros… -En el rostro del castaño se formó una sonrisa sagaz.
-¿Movimiento?
-Otras fuentes… de calor…  Pero poco…  
-Los malditos deben estar… alrededor de chimeneas… tomando algo caliente… resguardándose de este… desgraciado frío...
-Apenas terminemos con esto podrás  hacer exactamente lo mismo, Gael… -Cyan le mostró una sonrisa entre burlona y alegre.
-¿Y se puede saber por qué estás tan emocionado? –Claude observaba a su líder con las cejas enarcadas y una mirada entre perspicaz, curiosa y divertida.
-Cuando acabe nuestra misión estaremos completos.
-¿Y tenías que buscar… precisamente… a un asesino desquiciado… recluido  en el… lugar más recóndito del mundo…?
-Es el mejor en su tipo. –Gael exhaló ruidosamente ante aquella respuesta.
-¿Y qué te hace pensar que vendrá con nosotros?
-La moral... –Cyan observó a Claude con una sonrisa de suficiencia. Este perdió su semblante siempre seguro ante aquellas palabras inesperadas e ilógicas.
-¿Qué? –Gael sujetó el hombro de Cyan para obligarlo a encararlo. -¿Estás diciendo… que vinimos hasta este lugar… para convencer a un asesino… con un poco… de moral? –Su voz eran gritos ahogados entre espasmos de frío.
-Algo así… -Cyan comenzó a andar nuevamente, dirigiéndose a lo que parecía ser la nada. En seguida Felicia lo siguió también, siempre en silencio, concentrada en mantener toda su energía como se le había ordenando. Claude suspiró, pero en seguida una sonrisa sardónica se formó en sus labios nuevamente. Entonces retomó el movimiento también.  
-¡Te juro Cyan… que si salimos de aquí… con las manos vacías…! –Gael se apresuró detrás del grupo al ver que se quedaba atrás. -¡Me las vas a pagar!
Pocos segundos después una fuerte brisa se levantó de la nada, provocando espirales de nieve que cubrieron todo a su alrededor. Cuando el viento se apaciguó de nuevo, las cuatro figuras habían desaparecido.
***
Sus pies se posaron silenciosamente sobre la delgada franja de hielo. Frente a ellos un cráter artificial se hundía cincuenta metros en el hielo. Guardaban silencio, pero la sorpresa en sus facciones era evidente. Sólo Cyan parecía no estar afectado ante tal escena.
En el centro de aquel gigantesco orificio sobre un pedestal de hielo algo, o más bien alguien, era sujeto por gruesas cadenas tensadas que se aferraban a las paredes de agua eternamente congelada. Los brazos del hombre estaban completamente extendidos y eran rodeados por los serpenteantes eslabones. Su cuello, torso y piernas también estaban aprisionados, y por si fuera poco, a sus tobillos estaban sujetas dos enormes esferas de plomo, las cuales podían tener un metro de diámetro. Lo más sorprendente de todo era que el hombre solo vestía unos pantalones desgarrados por la rodilla. De resto todo su cuerpo estaba expuesto al frío mortal, incluso sus pies desnudos estaban directamente sobre el agresivo hielo. Su cabeza se inclinaba hacia delante, por lo que el cabello escondía sus facciones.
-¿Está… vivo…? –Las palabras de Gael fueron apenas un murmullo escapado de sus pensamientos
-Claro que está vivo… -Claude siseó como respuesta.
-Shhh… -Cyan los silenció inmediatamente. Entre la leve tormenta que había ocasionado y las pieles blancas de oso, que cada uno vestía, eran casi invisibles. Aun así no quería arriesgarse a que fueran descubiertos. Eso lo complicaría todo. Observó con detenimiento el fondo del cráter que se hundía frente a él. Sólo había cuatro guardias. Realmente estaban muy confiados y no era para menos. En aquellas condiciones, como prisionero, era imposible escapar. Sin embargo era evidente que nunca habían pensado en una intromisión. Una leve sonrisa se formó en sus labios. Después de todo no todos los días la gente buscaba sacar a un asesino de su prisión.
-Gael. –El aludido asintió levemente y de entre la piel de oso sacó una ballesta. Apuntó a su primera víctima y en seguida el sonido del viento siendo cortado por la flecha se hundió en las profundidades del enorme agujero. Desde donde se encontraron no podían escuchar el impacto, pero aun así podían ver como el hombre caía sobre el hielo completamente inmóvil. Los otros tres guardias reaccionaron tarde y cuando se dieron cuenta de que estaban siendo atacados, ya el segundo y tercero habían caído también. El último comenzó a correr hacia  una de las paredes donde se encontraba una puerta de metal, que daba al interior de la montaña, pero antes de que si quiera pudiera acercarse a su objetivo, también se precipitó contra el suelo con una flecha clavada en la nuca.  
La brisa revuelta con los agitados copos de nieve los envolvió de nuevo, suspendiéndolos en el aire y transportándolos lentamente hasta el fondo del cráter. Ahí el viento se volvió a disolver luego de depositarlos suavemente sobre el hielo. Ahora frente a ellos se encontraba el hombre que habían venido a buscar. De cerca eran apreciables más detalles. Sus brazos musculosos mostraban dos grandes tatuajes que se entremezclaban con las gruesas cadenas. Estos comenzaban en los hombros y rodeaban toda la extremidad como serpientes hasta llegar a las muñecas. Su mirada era cubierta por mechones de cabello color chocolate, pero su mandíbula marcada y fuerte, la perfilada nariz y sus labios inmóviles eran perfectamente visibles.
-Dijiste que lleva tres años encerrado… -Los ojos azules de Claude estaban clavados en el individuo, su desconfianza era palpable.
-Así es…
-¿Entonces como es que su cuerpo no es sólo huesos y piel? –El silenció volvió a caer por unos segundos mientras contemplaban el punto que Claude había tocado. La fisionomía del hombre era la de alguien que se ejercitara constantemente. Los músculos perfectamente definidos, su posición erguida y fuerte. Lo único que daba muestras de algún tipo de sumisión era la cabeza inclinada hacia delante.
-Su cuerpo… está en… constante actividad… -El murmullo de Felicia quebró el silencio.
-¿Lo ves? –Cyan preguntó sin quitar la mirada del prisionero.
-Si… Está… hirviendo… -Asintió ante las palabras de Felicia y luego avanzó unos pasos.
-Se que estás consciente de nuestra presencia y de todo a tu alrededor. –Alzó la voz más de lo necesario, sólo para estar seguro de que podía oírlo bien. Aun así el hombre no se movió en absoluto. –Mi nombre es Cyan y ellos son Felicia, Claude y Gaellius. –El último hizo una mueca de disgusto al escuchar su nombre completo. -Hemos venido con el único propósito de sacarte de este lugar… Se cual es el delito por el que te confinaron a este rincón del mundo y se cuáles son tus habilidades también…
-Cyan, no parece estar… -El aludido alzó una mano para silenciar a Gael y continuó su monólogo.
-Tengo una misión importante y te necesito para completar mi equipo. Eres el mejor entre los de tu tipo y tienes el poder para destruir un ejército tú sólo. Quiero que luches a mi lado y me brindes esa fuerza, Dragón Rojo. –Cyan calló unos momentos, pero aun no recibía ningún tipo de señal por parte del hombre frente a él. Entonces su mirada se tornó severa y su voz adquirió un tono penetrante. -¿O debería llamarte más bien Tigre Dorado de Xefira?
En ese instante el tintineo de los eslabones llamó la atención de todos. Lentamente el hombre levantó la cabeza dejando a la vista el resto de su rostro antes escondido por los mechones de cabello. La mirada afilada estaba clavada en Cyan. Eran ojos como el oro derretido y las pupilas casi felinas brillaban penetrantes, intensas y misteriosas. Su expresión era completamente ilegible.
-Ahora tengo tu atención… -Cyan sonrió con suficiencia, pero de nuevo no recibió respuesta alguna.
-Estamos dispuestos a sacarte de aquí, pero sólo si accedes a unirte a nosotros… -Guardó silencio largamente respondiendo a aquellos ojos sin intimidarse ante la intensa mirada.
-Cyan… -La voz de Felicia sonaba alarmada. –Guardias… -El aludido frunció el ceño sin quitar la mirada del prisionero.
-¿Cuál es tu decisión? –Nada.
-Cyan… -Felicia lo sujetó del brazo, preocupada. Entonces se escuchó el sonido metálico de los llavines de la gruesa puerta de metal.
-Felicia hazlo. –La mujer lo miró alarmada por unos momentos.
-¡Aun no ha dado una respuesta, Cyan!
-¡Tú y Gael mantengan a los guardias ocupados! –Claude lo miró largamente pero en seguida se giró, al igual que su compañero, esperando a que los recién llegados hicieran su aparición.
-¡Felicia! –La aludida aun parecía dudosa, pero en seguida estiró uno de sus brazos, sacándolo de la protección que la piel de oso le brindaba. Entonces cerró los ojos y se concentró. En la palma de su mano surgió una llama grande y rojiza.
Los ojos dorados brillaron siniestramente y una sonrisa apenas perceptible se formó en los labios antes inertes. La pequeña llama creció repentinamente y como si tuviera vida propia se extendió hacia las paredes de hielo. Entonces adquirió la forma de un enorme dragón. La criatura de fuego comenzó a avanzar hasta estrellarse de frente con el hielo. El sonido seseante llenó el cráter y el agua al derretirse explotó en forma de enorme nube de vapor justo en el momento en el que la puerta de metal se abría, para revelar varios guardias armados.
Los hombres se detuvieron estupefactos ante la escena ya que realmente no habían sido avisados, si no que estaban ahí cumpliendo la rutina de todos los días. Fue hasta que una flecha se clavó en la garganta de uno de ellos que comenzaron a reaccionar. Uno de ellos se adentró en la oscuridad de la montaña dando la voz de alarma, mientras que los demás avanzaron en un intento de evitar lo que fuera que estuviera sucediendo. Fue entonces cuando se encontraron con Claude y Gael, los cuales arremetieron contra sus nuevos contrincantes.
El rojo vivo de las llamas seguía brillando mientras estas se deslizaban peligrosamente y a gran velocidad alrededor del cráter. El fuego aun se encontraba conectado a la palma de Felicia, por lo que la mujer estaba siendo drenada de su energía hasta tal punto en que ya no podía mantenerse más en pie. Antes de que sus rodillas cedieran por completo Cyan la sujetó, apoyando su cuerpo debilitado contra el de él. Aun así esta continuó con la mano extendida, dejando que el fuego brotara de ella.
-¡Ya es suficiente! –Felicia apretó los párpados con fuerza, sus facciones surcadas por el esfuerzo. Finalmente logró cerrar el puño eliminando así la conexión entre las llamas y ella, pero había sido demasiado tarde. Respiraba entrecortadamente, su rostro estaba pálido y sudor frío recorría su frente. Entonces se desmayó.
El pesado sonido de los eslabones estrellándose contra el hielo volvió a llamar la atención general. Donde antes habían estado las cadenas incrustadas en las paredes de agua congelada había tres enormes y profundos orificios.  Mientras tanto el enorme dragón de fuego continuaba llameando ahora detrás del prisionero. Este movía los brazos y el cuello finalmente libres de forma circular. Entonces se apoyó en una rodilla y puso sus manos sobre las argollas que aun lo sujetaban a las enormes esferas de plomo. El metal se calentó hasta estar al rojo vivo y luego comenzó a fundirse. El líquido incandescente resbalaba por su piel pero no parecía afectarle o importarle en absoluto. Cuando finalmente se encontró completamente libre bajó lentamente del pedestal en el que se encontraba y comenzó a andar hacia la puerta de metal. Con cada paso vapor surgía de la planta de sus pies y una pequeña posa de agua quedaba donde dejaba huella al pasar.
Los guardias que aun seguían en pie miraron con pánico la escena y en seguida regresaron sobre sus pasos buscando refugió en la cavernosidad de la montaña. El recién liberado frunció el ceño. Aquel era el primer cambio en su semblante inalterable además de la pequeña sonrisa siniestra y casi imperceptible de momentos antes. Entonces extendió una mano en dirección a la entrada. Un rugido ensordecedor se estrelló contra el hielo y el dragón de fuego se lanzó al interior de la prisión provocando nuevas volutas de espeso vapor al rozar el hielo con su cuerpo llameante. Cuando la brillante y rojiza cola terminó de desaparecer el hombre pasó de largo, dejando atrás a Cyan, que aun sujetaba a una desmayada Felicia, y a Claude y Gael, los cuales se encontraban entre cuerpos de guardias inconscientes o muertos. Entonces se perdió entre las sombras del interior también.
-¿Cyan? –Claude observaba la espalda del antes prisionero, mientras este avanzaba silenciosamente. Estaba completamente cubierta con la figura de un tigre de fauces abiertas y garras enormes.
-Déjalo. –Alzó a Felicia sujetándola con un brazo por los hombros y con el otro por debajo de las rodillas.
-¿Qué? –Gael se volvió con evidente incredulidad. -¡No podemos irnos nada más!
-Tenemos que salir de aquí. –La ventisca volvió a aparecer envolviéndolos nuevamente. Gael puso cierta resistencia en vano ya que en segundos estaba siendo suspendido en el aire una vez más.
***
Felicia respiraba lentamente pero de forma acompasada. Cyan la arropó lo mejor que pudo con la pesada piel de oso para que mantuviera el calor. Las de Claude y Gael estaban manchadas con sangre y ambos hombres se veían bastante frustrados.
-¿Qué se supone que haremos ahora? –Gael andaba de un lado a otro como gato encerrado. Al parecer el furor de los últimos momentos lo había hecho olvidarse del frío.
-Esperar.
-¿Estás seguro de que esto funcionará? –Claude tenía los brazos cruzados y su mirada mostraba un tono de molestia completamente antinatural en él.
-Si…
-¿Por qué? –Volvió a preguntar aun no convencido
-Moral. –Exhaló resignado ante la repetida respuesta mientras Gael parecía querer arrancarse el cabello a tirones.
Entonces una figura oscura comenzó a acercarse. Caminaba tranquilamente y vestía las ropas de un soldado de rango alto. Como única protección contra el frío llevaba una capa que se movía suavemente al compás de sus pasos. Sus brazos seguían descubiertos hasta el hombro y ahora el diseño de los tatuajes era apreciable: dragones. Cuando el antes prisionero estuvo a sólo unos metros del grupo se detuvo y extendió una mano enguantada, esperando.
-Gael… -El aludido miró a su líder aun con expresión molesta. –Dásela. –Exhaló furioso y comenzó a refunfuñar algo por lo bajo. Aun así se acercó al hombre y soltó uno de los cinturones atados a su espalda, tomó el arma envuelta sujeta a este y luego se la extendió.
El prisionero la tomó del mango y desenvolvió la tela que la protegía hasta que el la hoja de metal brilló bajo la luz del día. Blandió la cimitarra un par de veces como si quisiera recordar su peso y luego la aseguró a su propio cinturón. Volvía a sonreír, ahora complacido. Entonces terminó de avanzar los pasos que le restaban hasta estar frente a Cyan.
-Mi nombre es Nathaniel Al-Xilán, antiguo general del Reino de Xefira y siempre cumplo mi palabra. – Guardó silencio unos segundos. –Lucharé a tu lado sea cual sea tu misión.    

23 Secretos



El molesto sonido de la conversación por teléfono estaba logrando que el aburrimiento la dominara más rápido. Una cosa era esperar con la agradable compañía de buena música, y otra tener que escuchar el ininterrumpido monólogo de su madre. Apoyó su barbilla en la palma de su mano, mientras observaba, completamente desinteresada, por la ventana. Entonces alguien se detuvo. Por un instante su corazón palpitó acelerado, presintiendo un inexistente peligro, pero en seguida aquella sensación se traslado a su estómago y una sonrisa tonta adornó sus labios. De repente el tedioso día las aburridas horas y la mala suerte adquirían algo de sentido…
***
¿Qué importaba la inocencia de una damisela? ¿La frialdad de una princesa? ¿La moral de una mujer? En esos momentos todo eso eran sermones para individuos menopáusicos. Se deslizó sutilmente hasta atraparlo bajo su cuerpo. Se apoyó completamente sobre él, mientras sus manos comenzaban el reconocimiento. Sus dedos se enredaban en el oscuro cabello, arañaban suavemente el cuello, se deslizaban por los hombros y delineaban los brazos. Acarició el pecho y bajó furtivamente hasta encontrar el límite de la delgada tela. Hizo una rápida intromisión para sentir el calor del abdomen contra su propia piel. Fue suficiente para estremecerse y sentir deliciosas punzadas de placer…
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El deber social era algo que nunca había logrado disfrutar. Si no fuera porque el protagonista de aquella noche era alguien realmente cercano, estaría en su casa sumergida en su propio mundo, nadando a través de ideas luminosas y cálidas… Alimentando su imaginación con los últimos eventos del día… Bla, bla, bla… Fiesta… Bla, bla, bla… Alcohol… Bla, bla, bla… Discotecas… Bla, bla, bla… ¿Le  hablaban? El sonido de su nombre la devolvió a la realidad. Respondió con algo genérico para desviar la conversación de ella. Entonces una pequeña vibración en su bolso despertó su curiosidad. Sacó el pequeño objeto, milagro de la ciencia y tecnología. El nombre en la pantalla fue la gota que derramo el vaso… Su mente no volvería a posarse en aquella mesa…
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Su cerebro vibraba mientras su cuerpo había decidido independizarse de sus órdenes racionales. Con un vaso en alto y otras cuatro voces coreando la canción del momento, dejó que sus impulsos la dominaran por completo. Se alejó de la multitud y se dirigió a algún lugar callado, donde pudiera escuchar la conversación entre Lucifer y San Gabriel. Aunque la lucha la hacía dudar, sabía muy en el fondo de qué lado estaba, sin embargo las posibles consecuencias la detenían. ¿Y si era demasiado? ¿Y si hablaba de más? Con la fuerza que solo el alcohol le podía dar, deslizó su mano hasta el bolsillo de su pantalón. San Gabriel podía ir a sermonear a otro…
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Conocía la trama perfectamente, así que sabía también que aquel momento pronto llegaría a su fin. Su cuerpo sufría en esos momentos. Aquella situación era algo que nunca antes había vivido y los efectos eran mucho más fuertes de lo que jamás pudo haber imaginado. El aire, frío y sintético, la había congelado y su mirada se negaba a relajarse. Entonces una sensación electrizante se expandió a través de la yema de sus dedos y por todo su cuerpo. Cada segundo que pasaba aumentaba ese momento íntimo y clandestino, hasta que fue absoluto. Una calidez agradable en su mejilla le permitió al fin abandonar la historia de su infancia. Fue un contacto suave, dulce y profundo…
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Vodka, jugo de naranja y chocolate líquido fueron los ingredientes utilizados. Cuando fueron mezclados adecuadamente, dejó que la adrenalina fluyera, incitando cada uno de sus sentidos. Ya había esperado mucho, y no quería alargar el momento. El contacto la hizo suspirar y los suaves y dulces labios despertaron en ella una llama desesperada. Se dejó caer de espaldas mientras su propio cuerpo se enredaba con el otro. El frío aire montañoso, el calor que sus músculos le transmitían, el aliento delicioso y el aroma, al que ahora era adicta, hacían que perdiera el control…
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La oscuridad de la noche era surcada por luces artificiales. Estas creaban sombras y delineaban el perfil de cada objeto con cierta magia exótica pero antinatural. Era como encontrarse en un mundo irreal, el cual no quería abandonar. Sentía las ansias que crecían al darse cuenta que pronto tendría que volver a su soledad. Entonces lo observó sutilmente. Aquella mirada profunda y misteriosa. Oscura e impenetrable, pero dulce y cálida. Su estómago dio un brinco y un escalofrío la recorrió. Entonces la distancia desapareció. Sintió un beso suave, que evaporizó cualquier pensamiento lógico de su mente, seguido de una simple pregunta susurrada… No volvería a su soledad, nunca más...
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Era la situación perfecta. Lástima que fueran las once de la mañana y se encontraran en un lugar público con otras cuatro personas. Su mirada expresaba completa concentración y asentía a cada instrucción, sin embargo no tenía ni idea de que era lo que estaba haciendo y definitivamente no estaba entendiendo los movimientos que, se suponía, debía retener en su cabeza. Gracias a todos los dioses griegos, egipcios y nórdicos, o cualquiera que estuviera a cargo, el destino había decidido que le explicaran la técnica sin tener que enfrentar al tutor. Tener que observarlo detenidamente mientras intentaba no desvanecerse ante los fugaces contactos habría sido demasiado…
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Los faroles baratos le proporcionaban al lugar un calor acogedor con su luz rojiza. Se sentía como una niña mientras lo observaba. Los ojos dulces y la sonrisa picarona eran una combinación mortal. Quería hablar, actuar, demostrar todo lo que pasaba por su mente en esos momentos, pero los sentimientos aun nuevos eran demasiado difíciles de comprender. Admiraba como trataba de ser espontáneo y tranquilo, sin embargo su mirada oscura lo traicionaba, revelando un tierno nerviosismo.  Sin poder evitarlo, una sonrisa se formó en sus labios. Cuál fue su sorpresa al ver que su gesto era correspondido con mayor intensidad…
***
Cerró los ojos para dejarse llevar por completo. Apoyó su cabeza en ese brazo fuerte y se hundió en la curva de su cuello, mientras disfrutaba de esa muestra de cariño protector. Entonces permitió que la voz guiara sus pensamientos a un mundo ideal, a la vez que el cálido aliento acariciaba su oreja con ternura. Se encontraba en un letargo arrullador. El universo se había detenido y sólo existía ese preciado momento. Podría escuchar una y otra, y otra y mil canciones más, siempre y cuando él fuera la voz…
***
De alguna forma la conversación se había desviado hasta tocar fibras profundas. Trataba de esconderse en su pecho y brazos, mientras brotaban aquellos pensamientos desde los rincones más inhóspitos del alma. Cada palabra erosionaba sus barreras un poco más. Cada oración se colaba dentro de ella, debilitando sus defensas, soltando ese nudo que tan desesperadamente apretaba en su garganta. Trató una última vez de reunir todas sus fuerzas, pero ya era demasiado tarde. Un sollozo fue suficiente para darle vida al cálido manantial que manaba de su interior…

La Espera



Estaba sentada sobre la mesa de madera, sus pies apoyados en la banca. Observaba sus tenis mientras estos se movían periódicamente de arriba abajo gracias a la constante orden que le daba a sus dedos. Acababa de notar la ridícula posición en que estaban. La punta de los zapatos se encaraban haciendo que sus piernas quedaran en un ángulo extraño. No hizo nada para cambiar el hecho. Sus codos se apoyaban en sus muslos mientras su rostro descansaba en la palma de sus manos. Su cabello estaba recogido en una cola alta, por lo que no le estorbaba cada vez que el viento decidía jugar con él.
Comenzó a tararear una canción cualquiera, mientras escuchaba el resonar de los pasos cada vez que alguien pasaba cerca de ella. El golpeteo seguro, corto y seco de tacones gruesos. El apenas audible sonido de una suela gastada que avanzaba con lentitud y desinterés. El andar rápido y directo de unos mocasines lustrosos. El rodar sobre el pavimento de cuatro ruedas pequeñas, acompañadas del suave canto de una risa infantil. Su propia voz sin lírica seguía el ritmo que sus pies, siempre en movimiento, marcaban.
Contemplaba como las pequeñas hojas avanzaban sin vida propia. Entraban y salían de su rango de visión. Revoloteaban sin sentido alguno. Se levantaban del suelo por unos segundos para volver a caer sin gracia alguna. Pestañeó un par de veces mientras el frío secaba sus ojos y le erizaba la piel. Su delgada camisa blanca no servía de protección y sus pantalones negros y cortos tampoco cubrían lo suficiente. Entonces levantó la mirada al cielo. Sus brazos cambiaron de posición, ahora apoyándose en la madera también. Sentía como la brisa provocaba quejas en su piel, por no hizo ningún intento por ponerse la chaqueta que descansaba a su lado, completamente olvidada.
Comprobó que el sol había perdido su intensidad y calidez. Además el cielo, antes de un celeste puro, amenazaba con cubrirse de nubes. Los árboles, verdes y frondosos, se mecían indiferentes a todo lo que sucedía a su alrededor, la camuflaban entre ramas largas y raíces retorcidas, la rodeaban con su sabiduría de décadas y siglos. Por el rabillo del ojo volvió a percatarse de las figuras que se movían a su alrededor, frunció el ceño y en seguida dejó caer sus párpados. Ahora volvía a ver la quietud de la nada y el silencio de la eternidad. Ya no escuchaba los pasos y sus cantares.
Inhaló lentamente y suspiró largamente. Su mente navegaba entre pensamientos difusos, reconocía voces conocidas, intentaba buscar formas y colores íntimos. Su cuerpo redujo el flujo de energía que enviaba a los diferentes músculos y lo concentró en su letargo. La respiración en su pecho se acompasó y sus sentidos se nublaron por completo. Entonces el temblor y la calidad presencia estrellándose contra ella provocaron un disparo de adrenalina.
Abrió los ojos sorprendida y el poder del sol la hizo pestañear incómodamente. El cielo volvía a brillar tan azul como antes y el rozar de las hojas era estruendoso. Un perro ladraba a los lejos y la suave risa infantil se había convertido en carcajadas agudas y escandalosas, mientras una mujer repetía constantemente un nombre femenino. El viento la hizo estremecerse, su mano en seguida buscó la chaqueta a ciegas y sus piernas se acomodaron intentando lograr una posición más estable ante el súbito cambio.
-¡Chocolate caliente con crema batida y un muffin de chocolate con chispas de chocolate! –El repetir de aquella palabra acribilló su mente dormida y el penetrante aroma ahora frente a ella terminó de borrar el sopor del que acababa de despertar.
-¡Yo les dije que era demasiado, pero no me hicieron caso!
-¡Ya te dije que no le gusta la vainilla!
Bazil, ahora sentado a su lado sobre la mesa, le tendía una bolsa de papel cerrada y un vaso de cartón mediano con tapa de plástico del que salía un delgado hilillo de humo dulzón por un pequeño orificio. En la otra mano tenía un cacho del cual se desbordaba el caramelo y sus piernas aferraban una lata de Pepsi.
-Nos antojamos de camino y decidimos traerte algo también…
Ethan también junto a ella la sujetó del hombro para llamar su atención. Sobre sus regazos descansaba una trenza de semillas de amapola cubierto  con una gruesa capa de azúcar y mordido en varias partes también. En su mano sujetaba una botella retornable de medio litro de Fanta naranja.
-Y como siempre desayunas chocolate caliente y te comes un muffin después del almuerzo…
Lía se había quedado de pie frente a ellos mientras mordía el arrollado de canela que mantenía aun a medias en la bolsa de papel para no ensuciarse y le daba un corto trago a su bebida caliente. Supuso que sería capuccino. Siempre era capuccino.
-Tardamos tanto porque no sabíamos si preferirías de vainilla con arándanos o de chocolate con chispas de chocolate…
-Pero yo estaba seguro de que siempre prefieres chocolate… -Bazil le dirigió una mirada de suficiencia
-¡Pero no se puede comer muffin de chocolate si se está tomando chocolate caliente! –Ethan tenía el rostro contraído en una mueca extraña, incluso podía clasificarse como repulsión.
-¡Tal vez tu no puedas, pero Ami si! –El tono de voz de Lía dejaba claro que la discusión no acababa de empezar y que ya estaba bastante cansada.
-Así está perfecto chicos… –Abrió la pequeña bolsa de papel y le dio un mordisco al pequeño pastel. En seguida sus labios se curvaron, formando pequeños hoyuelos en sus mejillas, mientras disfrutaba del dulce sabor. –Gracias…

miércoles, 9 de febrero de 2011

Para los que nacimos entre 1985 y 1995...



1.- Siempre hubo 150 pokemones para ti
2.- Has visto de las caricaturas de Mickey Mouse donde él no habla
4.- ¿Sabes a quién me refiero si te digo Tribilín?
5.- Lloraste cuando Ash se despide de Butterfree o cuando tuvo que dejar a Charizard

6.- Te tocaron los tazos de los Looney Tunes
7.- Te asustaste cuando dijeron que Pokemón era del diablo y Pikachu representaba a Satanás
8.- Sabes quién es Rocko y Spunky
9.- Carlitos nunca le habló a sus papás en Rugrats y Tommy jamás creció
10.- Si eres niño sabes que Saint Seiya nunca fue Saint Seiya sino 'Caballeros del Zodiaco' y que el opening debería de decir 'Caaballeros del Zodiaaacoo'
11.- Si eres niño alguna vez intentaste la fusión o hacer un kame-hame-ha
12.- Lo más porno que viste en tu infancia fue cuando Rose se quita la bata en Titanic
13.- Leonardo Di Caprio jamás te pareció gay
14.- Alguna vez viste el video de 'I want it that way' , donde un grupo salía en un 'Aeropuerto'
15.-Te suena..
'I 'm a barbie girl , in a barbie world ...'
17.-Amabas a Bananin y Bananon
18.- Sabes perfectamente quienes son Dexter, Deedee, Vaca y Pollito
19.- Sabes que Santa Claus y Los Reyes no existen, y te da risa pensar que antes todos 'los veíamos por la ventana'
21.- Alguna vez jugaste en la primaria a los Power Rangers, y todas las niñas siempre querían ser la 'rosa'
22.- Amabas a aquel personaje que nunca tuvo un show verdadero si no q solamente presentaba los programas pero que decía '¡Hola soy Cara prrr prrr prrrrr!'
23.- Tu primer contacto con la 'realidad virtual' fue la pistola gigante naranja para matar patos del Nintendo
24.- Sabes que no existen mejores juegos que 'Super Mario World', 'Mario Party', 'Mario-Kart'
25.- Los mejores juegos de pelea eran 'Street Fighter', 'Mortal Kombat' y 'Killer Instinct'
26.- Sabes que existió un Game Boy que no era a color y que si lo tapaba la sombra ya no veías ni madres
27.- El juego más sangriento que jugaste en la infancia fue '007:Golden Eye'
35.- Alguna vez tomaste refresco de bolsita
36.- Sabes que Michael Jackson alguna vez fue negro y alguna vez fue el ídolo de los niños
37.- Sobreviviste con 10 pesos en la escuela
39.- Te tocó ver Scooby-Doo con Scrappy-Doo
43.- Jugabas tazos de Pokemón
44.- O peor: Comprabas tazos de Pokemón
45.- Alguna vez te peleaste con un amigo para ver quién tenía más tazos de Pokemón :/
46.- Todos querían ser Oliver o Benji de los Supercampeones en las cascaritas de los recreos
47.- Sabes que Dulce María jamás fue una de las 'Jeans' originales
48.- Viste el estreno de Bob Esponja
49.- Comiste Nachos, Jalapeños y Palitos Diana como un delicioso manjar y solo costaban 0.35
50.- Tu sueño fue alguna vez ser veterinario
52.- Sabes quienes son Daget y Norbert
53.- Alguna vez pensaste que MTV era un canal aburrido
54.-Te refrescabas tomando los famosos 'Ququitos' que vendían en la tienda y q solo costaban 0.25
56.- Si eres niña y mirabas los Thundercats, alguna vez pensaste que Leono era atractivo.
57.- Britney Spears alguna vez fue inocente y virgen
58.- Bailaste alguna canción de N'Sync
60.- Los mejores canales del mundo eran Nickelodeon y Cartoon Network
62.- Conoces las siguientes películas: 'Volviendo al futuro', 'Liberen a Willy', 'Indiana Jones', 'Mi pobre angelito' y 'Space Jam'
63.- Tuviste un Monopatín o un Sky Jumper
64.- El mejor estreno de la historia en ese año para ti fue 'Rugrats, la película'
65.- Korn y Limp Bizkit te sorprendieron por tocar música tan fuerte
66.- Te encantó Toy Story porque era la única película hecha a computadora
67.-Sabes quiénes son las Spice Girls
69.- Comías Doritos de vez en cuando porque costaban más de 0.50 y eso era demasiado caro.
70.- Los actos en tu colegio eran con la música de Tatiana
71.- Windows 95 era lo más avanzado del mundo
72.- Si eres niña amas a las Chicas Superpoderosas, es mas hasta sabes que su antiguo nombre era 'Las Chicas Coquetas'
73.- Nunca supiste por qué nunca se le veía la cara a la 'nana' de los Muppet Babies
74.- Aprendiste los números en compañía de Abelardo, Pancho, Lola...
75.- Ahora piensas que los Ositos Cariñositos son puñales cuando antes los veías
78.- Alguna vez usaste un walkman
80.- Si eres niña te enamoraste de Nick Carter
81.- Lloraste con 'Bambi' o con 'El Rey León'
83.- En tu adolescencia tuviste un celular Nokia
85.- Te asustabas por las noches viendo a la ventana esperando encontrar al 'Chupacabras'
90.- Sabes quién es Mónica Lewinsky, por qué es famosa y hasta un video de ella ya buscaste en Youtube
91. Sabes a que caricatura nos referimos cuando hablamos de El Autobus Magico
92. Sabes que el programa que actualmente se conoce como ART ATTACK antes se llamaba ARTE MANIA!
93. Si eres niño alguna vez forraste tu trompo con cinta
94. Por lo menos entre tus juguetes tenias un moto-ratón o un GI-O
96. Si eres niña veías Sailor Moon y querías ser como ellas
97. Si eres niño tu héroe era He-Man
99. Si eres niña recuerdas que la Poly Pocket era una muñeca super chiquititita
100.- Te suena el grito de 'Thunder, thunder, thunder… Thundercats Oooooh'
101. Te emocionabas cuando se resolvían los casos del Fantasma Escritor
102. Te desvelabas hasta las 10:00 pm para ver 'Le temes a la oscuridad'
103. Veías 'Sabrina la bruja adolescente' y creías que el gato era real
104. Te cagabas de la risa viendo Clarissa
105. Decías que fumabas cuando comías cigarros de chocolate
110. La grosería más grande del mundo era tonto o menso y si ya eras muy pelado estúpido o idiota.
112. Te tocó tener tu colección de cassettes
114. 'Nunca voy a fumar' ¿a quién te recuerda?
115. Te enojabas cuando tu maestra te asignaba las famosas PLANAS para hacer en casa porque ya no te quedaba tiempo para jugar
116.Reconoces la cancioncita:' si me buscas tu a mi.....soy tu amiga...__________' la eterna enamorada de Anthony
118. Te sabes Hakuna Matata o por lo menos el coro

En serio.... si te identificaste con la mayoría de las cosas del mail, ya estas viejo!!  Mejor ya nos vamos dando una desempolvada... ¿Verdad? 'Recordar es volver a vivir'. Que tiempos aquellos…
***
Obviamente no lo escribí yo! Pero tenía que inmortalizarlo!!! xD Vivan los 90's!!!

El Caballero



Era luna llena y el claro era iluminado con su luz blanquecina y pura. Era tanto su esplendor, que las estrellas simplemente no eran visibles. Figuras comenzaron a salir de entre las sombras y los árboles. Aparecían silenciosamente entre volutas de neblina. Sus cuerpos estaban cubiertos por largas capas de una tela negra y vaporosa. Sus rostros eran escondidos por una capucha que solo dejaba distinguir los femeninos labios de aquellos seres. Avanzaban como espectros sin perturbar la armonía de la naturaleza. Fantasmas con un cuerpo real que andaban a través de la noche, todos dirigiéndose al mismo punto: una ruina de grandes monolitos colocados en ese lugar hace cientos, quizás miles de años. Estos estaban cubiertos de runas, dibujos y símbolos que delataban su antigua función.
Una de las figuras cargaba un bulto entre sus brazos. Un bebé que dormía plácidamente en los níveos brazos de su madre, completamente ajeno al ritual que estaba a punto de llevarse a cabo a su alrededor. Finalmente las mujeres llegaron hasta las sagradas piedras y las rodearon por completo. Entonces se arrodillaron y comenzaron un cántico suave y armónico, que parecía ser más bien la misma voz del viento. La niña se removió entre sueños, hasta que finalmente despertó. Sus avellanados ojos vinos pestañearon un poco ante la extraña situación, sin embargo enseguida encontraron el semblante de su madre y una sonrisa dulce e inocente adornó su delicado rostro. Esta fue respondida por una de cariño por parte de la mujer, que en ningún momento había dejado de cantar.
-Es hora… -Una voz áspera y profunda, cargada con el peso de los años, rasgó la noche cuando los cánticos llegaron a su fin. Entonces la mujer se disolvió entre espirales de oscuridad y apareció nuevamente en lo alto del monolito más grande. Ahí separó a la niña de su cuerpo, que en seguida estiró sus cortos brazos, intentando alcanzar el calor de su madre nuevamente. Esta sin embargo la dejó sobre la roca y volvió a disolverse.
La niña comenzó a gemir, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Se encontraba a metros de distancia del suelo y su inocencia aun no lograba entender lo que estaba sucediendo. Las figuras, arrodilladas más abajo, comenzaron a entonar suaves melodías nuevamente,  aun así ya no podía distinguir la voz de su madre. Entonces las mujeres se disiparon por completo, creando más sollozos de impotencia y miedo. En ese momento algo inaudito pasó. Su alrededor cambió por completo. Ahora se encontraba en un mundo diferente donde podía observar cosas maravillosas que aun no tenían nombre en su mente: Planetas, nebulosas, estrellas, árboles de colores fantásticos, insectos de alas hermosas, flores y hongos gigantescos y carnosos, criaturas de formas magníficas que se deslizaban en el vacio del espacio sideral… Nada que hubiera visto en su entorno boscoso y aislado… En especial aquellos seres… Grandes, intimidantes, sabios…
Entonces uno de ellos se detuvo frente a ella. Era temible, y aun así su conciencia infantil sonrió al tenerlo tan cerca. Comenzó a gatear hasta el rostro de aquella criatura única y puso sus diminutas manos en su hocico, mientras que de su garganta brotaban alegres risas. Era como tocar lava hirviente y aun así la niña no se quemaba. Aquel ser soltó un bramido suave que alborotó sus cortos rizos, provocando más gimoteos alegres. En ese instante sin embargo, un ardor nació en el centro de su pequeña espalda y explotó hacia todo su cuerpo. Esa horrible sensación hizo que olvidara la belleza de aquel mundo y nuevamente el llanto comenzó a brotar de su garganta con energías renovadas.
Tan rápido como había comenzado todo, también se desvaneció. Volvía a encontrarse en aquella roca alta, bajo la luz de la luna, pero aquella braza en su espalda no desistía, si no que seguía ardiendo dolorosamente. Nuevamente escuchaba los cánticos de las mujeres que lentamente llegaban a su fin. Fue entonces cuando la voz de su madre llegó a sus oídos nuevamente y sintió como sus brazos volvían a abrazarla. Las lágrimas bañaban sus sonrojadas mejillas y luchaba para que sus sollozos continuaran, sin embargo en segundos el cansancio la había vencido y ahora se dejaba caer en el sopor del sueño.  La incómoda y molesta sensación en su espalda comenzaba a desvanecerse.  
***
Explosiones destruyeron la paz de la noche y gritos angustiosos llegaron hasta el claro sagrado donde las mujeres se encontraban reunidas y terminaban el ritual de iniciación. Entonces un hombre apareció de entre el bosque. Corría todo lo que sus heridas extremidades le permitían y su cuerpo traía el pesado olor de la sangre.
-¿Qué haces aquí? –La voz de la anciana mujer que había llevado a cabo ese sagrado ritual ardía en furia. -¡Este es un momento de consagración! ¿Cómo te atreves…?
-Sacerdotisa… -Apenas llegó ante su presencia se desplomó sobre sus rodillas. -Están atacando… están atacándonos… -Apenas si tenía aliento para pronunciar aquellas palabras. –Los humanos…
-¿Qué…? –La anciana no daba crédito a lo que decían sus palabras, sin embargo no pasaron más de dos segundos antes de que aquellas palabras fueran verificadas.
 Una figura sombría, alta y de cabellos largos y oscuros, pareció materializarse de repente. Su armadura negra resplandecía con la blanquecina luz de la luna llena y el filo de la larga espada, que cargaba en su mano, refulgía amenazadoramente. Su rostro era frío e inexpresivo, y aun así su mirada vacía despedía una violencia y una malicia espiritual que hacía vibrar hasta las fibras más profundas de su ser.
-Me fastidian los gusanos escurridizos… -Aquel ser misterioso tomó del cabello del herido hombre y lo haló hacia así, provocándole un desgarrador grito de dolor. –Miserable insecto…  -Entonces, para su horror, el caballero de armadura oscura alzó su larga espada y de un solo tajo decapitó a su víctima, quedando con la cabeza en la mano, que luego simplemente lanzó a un lado, como si se tratara del corazón de una manzana.
-¿Dónde está la iniciada? –Aquellas palabras penetraron en su mente y en su corazón como finas agujas de hielo.
-Monstruo… ¡MONSTRUO! –Su voz gastada y gutural comenzó rasgar el manto de la noche con gritos cargados de pánico y dolor. -¡No des un paso más demonio, o haré que la furia de los dioses caiga sobre…! –Sus palabras fueron interrumpidas por el manantial de sangre que comenzaba a borbotear en su garganta. Esa negra presencia se encontraba ahora a su lado y el filoso metal había atravesado su cuerpo de lado a lado.
-Detesto a la gente escandalosa…  -Esas fueron los últimos sonidos que su mente guardo, cuando las sombras comenzaron a rodearla. El caballero retiró la espada de su estómago atravesado y ella se desplomó sobre la hierba.
***
Las mujeres corrían despavoridas en todas las direcciones, buscaban refugio en el bosque o desaparecían dejando atrás volutas de sombras. Mientras apretaba a su hija contra su pecho, observaba como la matriarca era asesinada por aquel ser oscuro. Entonces sus miradas se encontraron. Aun con aquella distancia de por medio, su corazón se contrajo y su estómago dio un vuelco al adivinar las intenciones de aquellos ojos despiadados. En seguida se giró para desaparecer, sintiendo el pánico y la desesperación inundar cada centímetro de su cuerpo. Tenía que huir de aquel lugar y resguardarse junto a la niña, sin embargo fue demasiado lenta….
Antes de ordenarle a su cuerpo que se disolviera en la oscuridad de la noche, un ardor insoportable cruzó toda su espalda, arrancándole un gemido lastimero. Su esencia desapareció, sin embargo no pudo mantener su poder y en seguida volvió a aparecer a poca distancia del suelo. En seguida su instinto hizo girar su cuerpo para proteger al caer el pequeño bulto que cargaba. Tumbada boca arriba sentía la sangre abandonar su cuerpo por el corte en su espalda, mientras observaba a aquella temible figura, ahora a solo unos pasos de ella, recortada contra la luz de la luna.
-Por favor… -Su voz era un hilillo lastimero. Sus únicas fuerzas las concentraba en sujetar a su hija, que ya empezaba a removerse, contra su pecho. El hombre solo la observó de forma fría e inexpresiva antes de apartarle los brazos sin delicadeza alguna y cargar a la niña. –Por favor… no la mate… -Su corazón se contrajo al escuchar como su bebé comenzaba a gemir nuevamente, ahora despierta.
-¡Hasgarth…! ¡Hasgarth…! –Voces a lo lejos… alguien se acercaba. El caballero negro volvió su mirada fría hacia aquel que lo llamaba e hizo el ademán de alejarse, sin embargo, con las pocas fuerzas que le quedaban, logró sujetarlo del tobillo, por lo menos lo suficiente para llamar su atención nuevamente.
-No… la mates… -Aquellos ojos insensibles se posaron sobre ella una vez más.
 -Mi misión no es matarla… -No pudo contener sus parpados por más tiempo… Todo se volvió negro…

martes, 8 de febrero de 2011

Los Tres Helados



Cualquiera diría que visitar la heladería en una calurosa tarde de domingo sería el paseo más normal del mundo. Después de todo a esas horas, ¿quien se preocuparía por algo que no fuera su último descanso antes de una nueva semana de trabajo?, pero muchas veces se ha comprobado que las apariencias engañan, y este es el vivo ejemplo.

Con unas enormes ganas de ingerir todo el azúcar que se nos permitiera, no acercamos a la vendedora y pedimos tres conos cada uno al gusto: uno tentador, uno exótico, y uno en forma. Cuando nos sentamos a un lado de la ventana, donde el débil sol dejaba una cálida sensación, fue entonces cuando el circo abrió sus puertas de colores para presentar todo su arsenal de humanos contorsionistas y colores, junto a los diferentes animales fantásticos que los acompañaban.

El primer acto fue el de un par de payasas con su monillo incluido. Eran fáciles de reconocer porque la mirada captaba en seguida las combinaciones y estilos de telas que uno no sabe como relacionarlas en el cuadro. La protagonista era una mujer gorda con máscara de yegua y zancos, que representaba un número en el que tenía que mantener el equilibrio, pero con la desventaja de que su propio cuerpo estaba en su contra. ¿Y es que como se puede balancear una gelatina tan pesada en los extremos de dos chorizos apretados, y todo bajo una cubierta de zanahoria rostisada?

Su compañera de actuación era otro embutido, pero de esos que se rocían de aceite mientras se calientan y luego se acompañan con una salsa completamente contradictoria. Nada coincidía en el plato, pero de todas formas atraía miradas, aunque estas fueran completamente antagónicas a la meta de la escena. Finalmente el animalillo que participaba en el momento, parecía ser el más inexperto, ya que el desparramado encanto de sus compañeras todavía no lo alcanzaba.

El siguiente número mostró a un domador de bestias con sus leonas. El hombre era feúcho y sin gracia, pero para llamar la atención vestía también ropas demasiado grandes e impactantes a la vista que prácticamente desaparecían su propio contorno. Las felinas también eran un show. Una era pequeña, pero matoneaba como si se tratara de un gato al que se le ha majado la cola, mientras que la otra mostraba una mirada aireada y levantaba la cola con arrogancia, pero sin darse cuenta de que daba muestra de trapo viejo y usado antes, que de la escultural figura que pretendía ser.

Después de los rugidos aparecieron el trío de estrellas de la noche en una presentación a la que ya nadie les muestra atención, porque lo único que la gente quiere hacer es irse a dormir. Además de que con su indiferente mirada al público creían que lo cautivaban, también destilaban la sensación de que su rotundo “éxito” tocaría los corazones del espectador. Lo que no sabían era que estos preferían ahorrarse los últimos veinte minutos del momento, antes que tener que ver el gran final.

Cuando se cerró el telón, mi mente empezó a comprender el show que se había desplegado ante mí, ya que tanta claridad al distinguir colores me había robado mi fe en la incredulidad. A la salida, todavía sorprendida, no podía dejar de expresar mi opinión hasta que mi compañera explicó la suya propia, y fue entonces cuando comprendí enseguida cual fue el detalle que había dejado pasar.

-¡Entonces nosotros también teníamos nuestro propio número!

En esos momentos logré tener claro, que mi domingo, en el que había planeado comerme un helado, hubiera sido muy tranquilo, al igual que para los demás grupos de personas que observé, si mi mente se hubiera mantenido en sus cinco sentidos.

Al final había descubierto que nosotras habíamos sido el éxito de la velada, y que seguramente yo había dado el verdadero honor de cerrar el telón. Además había comprendido también que el verdadero público que contemplaba con asombro aquella vista seguro habían sido los tres helados.  

Viento



Era una hermosa tarde de finales de verano. Los ventanales dejaban ver un mar cristalino de aguas mansas y un atardecer pintado de rojos y naranjas. Era una imagen de ensueño. Una fantasía natural.

Con gran serenidad abandonó su acolchonada silla y con pasos suaves y silenciosos corrió los vidrios que daban al balcón. En seguida el viento revoloteó a su alrededor, jugando con sus rizos color ceniza. La frescura del aire y el calor del horizonte le daban un sentimiento de libertad inexplicable. Inhaló profundamente, y al escuchar el canto de una gaviota exhaló lentamente.

Entonces una suave vos dentro de la habitación llamó su atención de nuevo. Estaba despierto. El niño se revolvía dentro de su cuna. Cerraba sus pequeños puños y observaba los patrones del techo con sus ojos azules llenos de sorpresa. Lo tomó entre sus brazos al tiempo que le daba un suave beso en la frente. La respuesta fue una alegre risa infantil proveniente de la pequeña boca desdentada.

En menos de un minuto la brisa había enfriado lo suficiente para provocar escalofríos, así que antes de volver a su lugar en el balcón, tomó su abrigo y se envolvió en este junto al bebé. Poco a poco el sol se hundía en la inmensidad del océano y la distancia se tornaba una mezcla de morados y celestes.

Su hijo volvió a reír y esta vez estiró su pequeño brazo hacia un objeto que se erguía orgulloso a lo lejos.

-¿Te gusta la bandera? –Su mirada maternal se tiñó de orgullo y cariño. –Cuando crezcas te pertenecerá, al igual que el reino entero… -Una sonrisa alegre fue lo último que recibió antes de que la criatura se acomodara en su pecho para rendirse una vez más ante el sueño. 

Palabras: Viento, Verano, Distancia, Bandera, Cuna, Abrigo

La Cueva



La cortina de agua había creado un mundo, una burbuja escondida en las entrañas de la tierra inalcanzable para el resto de la vida. Se encontraba ahí, en aquella soledad, en aquella oscuridad parcial interrumpida por extraños reflejos coloridos que brillaban a ciertas horas, en ciertos momentos. Las tonalidades y formas eran dignas de ser observadas, o por lo menos estaban haciendo el esfuerzo por llamar su atención. Así que también tenía que dar de su parte. Abría sus parpados renuentes y fijaba su mirada indiferente en los cristales verdes y celestes que se deslizaban sobre las lisas paredes de piedra. Luego volvía a sumirse en el letargo, nuevamente su cuerpo era invadido por ese estado taciturno que había logrado dominar hace tanto tiempo ya. Así la situación era más llevadera, los segundos y minutos desaparecían, el tiempo simplemente se estancaba.  
Sus piernas habían encontrado algo así como una posición cómoda para poder aguantar horas y horas  de completa inmovilidad. Sus brazos simplemente habían dejado de hacer esfuerzo alguno y ahora nada más colgaban inertes, aprovechándose de las frías  cadenas que recorrían sus muñecas y antebrazos como reptiles serpenteantes.
Entonces el ocasional e indescifrable sonido del metal, de los eslabones agitándose entre ellos, arrancaba su conciencia del diminuto espacio de paz que había creado. Aquel mínimo, y a la vez estridente, ruido hacía eco en la húmeda cueva y despertaba todos sus sentidos, le devolvía la vitalidad aunque no la hubiera pedido. Su voluntad renacía, desesperada por intentarlo una vez más. Forcejeaba, luchaba, gritaba hasta que sus extremidades adoloridas y sus rodillas laceradas, su garganta desgarrada y sus ojos hinchados le pedían descorazonadamente que se detuviera… Y así lo hacía.  
Pero ya era demasiado tarde. Aquel despertar revivía cada uno de los elementos de su prisión. Nuevamente se sentía como si fuera el primer día. Redescubría cada uno de los detalles que rodeaban su debilitada presencia: El estruendo de la cascada bloqueando completamente cualquier otro sonido que intentara alcanzar sus oídos adormecidos. La piedra congelada y negra, el agua cristalina y profunda y el reflejo de luz inexistente que lograba colarse por lados que aun no había descubierto. Su piel erizada ante el frío líquido que se posaba sobre ella en forma de diminutas gotas. Su cabello y los pocos retazos de tela que podía llamar ropa, empapados como estaban, adheridos a su rostro y cuerpo.
Tiritaría un rato más… Tal vez sólo unos minutos, tal vez horas. Tiritaría hasta que su cuerpo decidiera rendirse ante el vacío de su prisión, hasta que sus brazos volvieran a perder la fuerza, hasta que su mente se nublara nuevamente y fuera dominada por el sopor…