Si realmente entendiera los pensamientos en los que mi cabeza se pierde, no estaría escribiendo estas palabras… O tal vez los comprendo a la perfección y por eso me aseguro de que no son simples delirios temporales que puedan extinguirse, escapar en el momento que de la orden de cazarlos, derretirse entre mis dedos cuando finalmente logre sujetarlos…
Ni si quiera sé por dónde empezar… Siempre que llego a este punto en que logro agarrar el lápiz, o en este caso el lapicero (porque es la primera vez que no estoy preparada para esto de imprimir mis pensamientos en una hoja de papel cualquiera, sacada de la caja del reciclaje), mi mente comienza a divagar… a buscarle una dirección a lo que intento confesarme a mi misma… ¿o tal vez al resto del mundo? Aun no lo descifro… Me gustaría pensar que lo hago únicamente por mí, que sólo complazco mi personalidad egocéntrica y egoísta, pero en ese caso… ¿Por qué la necesidad de escribirlo…? Posiblemente porque ni si quiera yo he logrado comprender aquello a lo que me refiero, aunque podría jurar en el nombre de tantos dioses, en los que definitivamente no creo, que estoy segura de que ahí está, ahí está y me observa… me observa desde lo más profundo de mi ser con pupilas rasgadas que reflejan el brillo cristalino de mi consciencia…
Y así continúo… Confirmando que son una realidad, pero hablando de ellos como si se tratara de pequeños alienígenas azules y de cabeza inflada, como si los hubiera leído en un libro de ocultismo, el cual escondo en mi mochila de escolar, pero del cual me siento en secreto completamente orgullosa…
Y así sigo, sigo y sigo sin llegar a ningún lado, a ningún punto en concreto… hasta que finalmente pierdo el hilo… En algún momento este se corta y es llevado por el viento, lejos de mí, libre de mí…
Sólo cuando algo vuelve a despertar mi romanticismo (y utilizo este término de forma consciente, implicando sus dos posibles definiciones), entonces la necesidad de hacer lo que hago en estos momentos (lo que finalmente logré y aun no entiendo por qué) nace nuevamente en mí y comienza a aislar mi mente de mi cuerpo, creando diferencias entre el pensar y el actuar. ¿Qué qué es lo que logra provocarme de tal manera? Muchas cosas… Desde mi piel que intenta por todos los medios asemejarse a la canela con la que es comparada, hasta la sensación prohibida de un amor platónico… Platónico en ese sentido de que mis dedos nunca podrán tocarlo y mis labios jamás lo besarán… Aunque ya lo hayan hecho mis pensamientos y haya sido correspondida… Entonces el peso es ligero como el de plumas revoloteando sobre el mar y mi amor platónico tan dulce como las fresas…
Y siempre vuelvo a lo mismo… ¿Por qué yo, que no aguanto una película en el parque de diversiones con algodón de azúcar rosa, lloro en la soledad y escribo poesía con el corazón sangrando en la mano? Poesía… Llamo poesía a la poesía del alma y no a la de los libros de texto, llamo poesía a aquella que nace de forma espontánea y no la que se suma, resta e iguala, llamo poesía a aquella que me hace sonrojar y no pensar… Y seguro algunos leerán esto y pestañearán de forma ridícula y molesta no sabiendo si buscar una explicación lógica, tal vez un pensamiento ajeno a mi persona, o si aceptarlo e interpretarlo por lo que es… Reirán sin saber decidirse entre la burla o el nerviosismo. Posiblemente habrá algunos que tuerzan la boca y miren con decepción estas palabras mías. Incluso estoy segura de que otros ganaran retos… Ja… Ganarán retos de mí, a mis espaldas y no compartirán sus ganancias conmigo…
Ya ven… Este tema es uno que me es imposible tratar. Intento llegar al fondo del mismo, realmente lo intento y me esfuerzo en serio, pero mis propias palabras confabulan contra mí para no abandonar el cinismo que me caracteriza (o más bien que he hecho creer que me caracteriza… o tal vez si sea real… supongo que es dependiente de la perspectiva) y parecer que intento burlarme de mi misma…
Ahora tendré que cortar el hilo, porque mi tiempo se ha agotado. Quizás tenga la valentía de continuar después con un poco de razón y lógica, pero entonces los resultados serían muy diferentes, ajenos completamente a la médula que pretendo poner al descubierto…
Sin embargo, ahora que lo pienso, debería considerar este desperdicio de tinta y tiempo como mi primer intento fallido de explicar al mundo por qué el adjetivo “locura” (que extraño pensar “adjetivo” y escribir el substantivo teniendo en la mente el adjetivo, pero irónico no tener las ganas de tacharlo con una doble línea y corregirlo luego) no es uno que se pueda autoproclamar como propio…
Realmente, de todo corazón, lamento haberlos hecho perder su valioso tiempo…
Misión fallida…
Atentamente,
Alguien cuerdo.
P.D: No me desanimaré, lo intentaré de nuevo…


