martes, 18 de octubre de 2011

Noche de Estudio



-¿Por qué me sigues?

-Vamos al mismo lugar…

-¿Se te perdió algo en la facultad de artes…?

-Voy a la cafetería…

-Ve a la de ciencias.

-No tiene pastel de chocolate los martes.

-Nunca te ha gustado el chocolate.

 -Ando bajo de energías…

-Ve a dormir.

-Aun tengo cosas que hacer…

-Ya se acabaron tus clases.

-No hablo de la Universidad…

Se detuvo en seco, girándose repentinamente y encarándolo directamente. Él la miraba con ojos brillantes, evidentemente divertidos, y una sonrisa apenas visible, curvada en un gesto de burla. A su alrededor el flujo de gente continuaba. Iban de aquí para allá, ahogando la naturaleza en risas, conversaciones de celular y campaneos de bicicleta. Como fondo permanente se escuchaba el flujo revoltoso del pequeño riachuelo, el motor de los carros y uno que otro bocinazo repentino.

Aspiró profundamente, tomando el tiempo para no caer en el histerismo, y se obligó a aflojar el fierro agarre que ahora sus dedos ejercían sobre la gastada correa del maletín. Entre más temprano lo afrontara mejor… En realidad sabía que eso era una mentira, pero no imaginaba poder seguir aguantándolo. Tal vez debería recomendarle que se decidiera a tirarse del pequeño puente a sólo tres cuadras de ahí. Lástima que igual el río siguiera siendo insignificante en ese punto, no moriría ahogado ni aunque lo intentara… Y si así fuera… Existía ese molesto refrán acerca de la mala hierba que le daba inmunidad e inmortalidad… Nunca se libraría de él… “¡Qué fastidio…!”

-¿Qué quieres?

-Nada…

-Entonces déjame en paz…

-¿Por qué no me quieres decir?

-No te incumbe…

-Mencionaste mi nombre.

-¿Quieres cuenta de los Juanes en el registro…?

-Sabes bien a lo que me refiero.

Su mirada se endureció de repente. Ella por su parte comenzaba a alarmarse y hacía unos momentos ya que había dejado de verlo; no podía mantener el contacto visual, no mientras él la observara así. Un molesto calor, que cada vez se hacía más intenso, empezaba a ascender por sus mejillas; esperaba nada más que este fuera camuflable con el frío de un otoño que muere...

-¿Por qué me evitas…?

Silencio.

-No pudo haber sido tan malo…

Más silencio. Su rostro se estaba incendiando.

-O tal vez fue tan bueno que…

-¡Ya cállate!

Una que otra mirada curiosa se perdió en ellos el tiempo que se dura en cruzar la imponente entrada a la biblioteca. Quería sacarle los ojos a todo aquel que osara hacer algún gesto o se atreviera a cualquier risilla, sin embargo su dignidad aun luchaba incansable por mantenerla en pie. “Gracias a Dios…”

-¿Eso es un sí…?

Y él lo estaba disfrutando. Sabía que le encantaba la atención y el drama; y que aquello estuviera sucediendo en plena tarde soleada, con un público digno y ansioso de entretenimiento, lo hacía en exceso feliz. ¡Cómo lo odiaba!

No tenía sentido alguno. Bien lo había pensado, daba igual enfrentarlo o no. Las cosas no cambiarían, con él simplemente no mejorarían, tampoco se olvidarían. No tenía escapatoria. Sin embargo en esa ocasión no estaba dispuesta a darle una vez más el placer de destrozar su cordura.

 -¡No te seguiré el juego, así que no me fastidies más…!

Seguiría con su camino y dejaría la conversación morir ahí. Eso sería lo mejor… Lastimosamente esta había sido sólo su idea y él no parecía compartirla.

La tomó de la muñeca mientras que rodeaba su cintura con el brazo, tan sutil y elegante como una serpiente, tan fuerte y letal como una constrictora. Fue sólo un instante en el que ella se había convertido en prisionera…Sus latidos chocaban entre sí, interponiéndose uno contra el otro; ambas mejillas se encontraban en un caricia melosa y completamente inocente… Aquello era sólo un descaro a ojos de los demás estudiantes… para ella, una crisis.

-¿Qué haces…? –Su voz susurrada se deslizó como niebla por la línea curvada del cuello ajeno. Esta destilaba sorpresa, desconcierto… y miedo. Miedo a sus reacciones, a su pobre mente desbocada, a lo que su amigo pudiera reconocer…

-Si no fueras tan perezosa… -Sentía el cálido aliento sobre su piel y esa sonrisa cínica y desesperante que ni siquiera en sus palabras era disimulable. –Si una sola vez dejaras tu vagancia de lado y estudiaras hasta tarde… Hasta después de que yo ya me hubiera acostado… -Los suaves labios rozaron cerca de su oído. –Entonces me escucharías a mí también llamarte en sueños…

Al soltarla nuevamente el bullicio de la calle pareció ser más alto aún, bloqueando completamente su sentido de la audición. Se encontraba inmóvil, clavada en aquel lugar, observada por los leones centenarios guardianes de las viejas puertas de madera. Él había comenzado a andar nuevamente en dirección contraria a la facultad de artes…

viernes, 7 de octubre de 2011

My Secret...




¿Alguna vez te has preguntado cómo nos conocimos…?

No, claro que no lo has hecho nunca… Para ti sería una pérdida de tiempo. Minutos gastados en filosofías sin sentido que en cambio podrían ser utilizados para cuestionarnos por qué estamos donde estamos… ¿Qué estoy diciendo? Eso tampoco lo harías… Nunca te han gustado las preguntas, las encuentras inútiles y cansinas… ¿Para qué desperdiciar una realidad en ellas…?

Pero tú me conoces… o por lo menos de eso pretendes convencerte aunque tu subconsciente bien sabe que nada sabes de mí. Tú me conoces y por eso te has resignado a mis interrogantes, sin aparente inicio o fin, aunque mucho las odies. Te ríes de mis por qué, cuándo y cómo aun estando consciente de lo mucho que estos realmente me preocupan…

Entonces… ¿Cuándo nos conocimos…?

Me dirás que deje de buscar ya respuestas inexistentes y yo tendré que aceptar que tienes la razón, aunque nunca en voz alta ya que jamás cedería ante tu ego. Eso también lo sabes y en silencio te jactas de ello, aunque más de una vez una risa traicionera te haya dejado en evidencia…

Y tú me conoces y sabes que ese es el misterio de la creación de mi pequeño universo… ¿Lo sabes…? Por eso no luchas contra él; sería completamente inútil. En cambio en tu negligencia natural despedazas mi sueño con palabras distantes  y una voz difusa y maligna… como de catarata. ¿Acaso tenías la mínima idea…? No, tampoco te lo habías preguntado antes… ¿O sí?

Así que…. ¿Cuándo te conocí y cuándo comencé a preguntármelo…?

¿Cuándo dejaste de ser un simple mote para convertirte en un nombre…? ¿Cuándo comencé a descifrar mensajes en tus palabras vacías…? ¿Cuándo mis canciones se convirtieron en tuyas…? ¿Cuándo un pueblo se resumió a ti…? ¿Cuándo te convertiste en hombre…? ¿Cuándo comenzaste a buscarme…? Ahora sé que lo haces…   

¿Alguna vez te lo has preguntado…? Yo sé que no; te conozco. ¿Más de lo que tú me crees conocer a mí…? No lo sé la verdad… Sé, sin embargo, que nunca te lo has preguntado, pero también sé que la duda existe dentro de ti como una avispa perdida en la estación del tren…

¿Alguna vez te has preguntado cuando nos conocimos…? ¿Alguna vez te has preguntado cuando comenzó a importarnos…?

Just shoot for the stars
If it feels right
Then aim for my heart
If you feel like
And take me away, make it okay
I swear I'll behave

You wanted control
So we waited
I put on a show
Now I make it
You say I'm a kid
My ego is big
I don't give a sh*t
And it goes like this

Take me by the tongue
And I'll know you
Kiss me till you're drunk
And I'll show you

You want the moves like jagger
I've got the moves like jagger
I've got the mooooooves... like jagger

I don't need try to control you
Look into my eyes and I'll own you

With them the moves like jagger
I've got the moves like jagger
I've got the mooooooves... like jagger

Maybe it's hard
When you feel like you're broken and scarred
Nothing feels right
But when you're with me
I make you believe
That I've got the key

So get in the car
We can ride it
Wherever you want
Get inside it
And you want to steer
But I'm shifting gears
I'll take it from here
And it goes like this

Take me by the tongue
And I'll know you
Kiss me till you're drunk
And I'll show you

You want the moves like jagger
I've got the moves like jagger
I've got the mooooooves... like jagger

I don't need try to control you
Look into my eyes and I'll own you

With them the moves like jagger
I've got the moves like jagger
I've got the mooooooves... like jagger
 
 You wanna know how to make me smile
Take control, own me just for the night
And if I share my secret
You're gonna have to keep it
Nobody else can see this

So watch and learn
I won't show you twice
Head to toe, ooh baby, roll me right
And if I share my secret
You're gonna have to keep it
Nobody else can see this

And it goes like this

 
 Take me by the tongue
And I'll know you
Kiss me till you're drunk
And I'll show you

You want the moves like jagger
I've got the moves like jagger
I've got the mooooooves... like jagger

I don't need try to control you
Look into my eyes and I'll own you

With them the moves like jagger
I've got the moves like jagger
I've got the mooooooves... like jagger

jueves, 18 de agosto de 2011

The Spell


La fina arma de plata se deslizó por su manga hasta acomodarse entre sus largos dedos. Un rápido movimiento  de pies y un quiebre preciso de la muñeca le dieron la dirección y el impulso suficiente. La daga silbó al dividir la corriente de aire que intentaba impedir su paso hasta incrustarse en la pared a sólo centímetros de su objetivo.

Imposible… ¿Había fallado? No… Lo había evitado…

No detuvo la inercia de su cuerpo. Su antebrazo se acomodó en el cuello contrario, aprovechando el desconcierto del momento, mientras su puño se cerraba sobre la tela azul. Un tirón con suficiente fuerza y su víctima perdería la protección a su espalda; una rápida barrida y se precipitaría al suelo donde terminaría de acorralarlo.

Todo su peso se concentraba en los puntos claves para detener cualquier intento de escape: su muñeca, sus brazos, su pecho…  No tenía su arma… ¿Ahora qué? Instantes de duda en los que su ceño fruncido mantenía una expresión impasible aun cuando aquellos ojos avellanas le devolvían la mirada de forma confusa… e inocente.

-¿Coco…?

Un susurro interrogante.

-¿Coco, qué haces…?

Una sonrisa desconcertada.

-Aun no llegamos…

-¡Silence!

Una interrupción abrupta.

-¡Jusqu’ici!  Je ne peux pas... continuer...

La seguridad, la ira, la imponencia… ¿Se habían quebrado en su voz? Ahora sólo había frustración en ella… ¿desesperación, tal vez?

-Sabes que no entiendo tu lengua mágica… Menos si te escondes de mí…

Esconderse… ¿En qué momento? Sus ojos como el vino evitaban los de él y ahora se posaban en las líneas del cuello descubierto; sus dedos habían dejado de sujetar y en cambio se entrelazaban con los contrarios; su mano que presionaba contra el suelo se aferraba ahora con desesperación a la tela.
Una caricia suave rozó su mejilla, la tomó del mentón y la hizo levantar el rostro nuevamente.

-¿Por qué no lo hiciste…?

-Lo sabías…

-Desde el momento en que vi el filo brillar…

-No lo sabías…

Una sonrisa pícara le surcó el rostro.

-¿Cómo podría haberlo sabido…?

El roce se extendió hasta su labio inferior, delineándolo con delicadeza y precisión.

-Me engañaste de la forma más hermosa…

Debía cerrar los ojos, no verlo más y actuar sin pensar. Acabar con su deber de una vez.

-Tengo que hacerlo…

Pero su cuerpo no respondía y su fuerza se esfumaba.

-Lo siento, Coco…

La furtiva mano se enredo entre sus cabellos negros y la atrajo a él.

-Pero no puedo morir aquí…

Un giro ágil y veloz fue suficiente para desequilibrarla; para arrebatarle la ventaja y atraparla entre el frío del suelo y la calidez de ese cuerpo dominante… Ahora notaba su derrota.

Había perdido desde que comenzaron a andar por ese oscuro pasadizo; desde el segundo mismo en el que había decidido buscar el momento perfecto; desde el instante que había atravesado el portal, la muralla y esas puertas dobles para toparse con esas ropas tan azules, esa sonrisa tan inocente, esos ojos tan avellanas… Había sido un fracaso dulce e inevitable…

-Mátame.

Bajo el alivio se escondía el dolor y la resignación…

-No…

Sintió el aliento de vainilla entremezclarse con el suyo, nublando sus sentidos y destrozando su razón.

-Vivirás por siempre con tu derrota y el amor que te ha vencido…

Sus labios fueron apresados con suavidad. Un roce ansioso y dulce; un beso sin inocencia…

-Al lado mío…



domingo, 17 de julio de 2011

Vernagó: Prólogo




La fuerte lluvia inalterable golpea sin descanso… Cuerpos imperturbables aguardan bajo el manto húmedo… Silba el viento, agitando aún más los corazones… Un linaje completo dispuesto a proteger su legado…

La tierra tiembla bajo los pies enfundados en muerte… Infieles esperando su señal… El odio apunto de descubrirse…

 Antes de la canción de batalla… Silencio… Recorre las almas soberanas y leales hasta llegar a aquellas nubladas por el rencor y el desprecio…

El tiempo no resiste más… El valor acumulado reluce sobre la piel… La luz maldita en los orbes antagonistas…

 Bramidos de guerra…  Espíritus impulsados por su causa colisionan entre si…

Lo inevitable… 
                                                                              
Sangre… Dolor… Sufrimiento… Muerte…

Derrota inclemente… Un reino devastado… Una nobleza derrocada… Un nuevo poder maligno… Una nueva infamia en el mundo… Un nuevo líder oscuro…

Sólo un aliento de esperanza… una nueva  promesa… 

Libertad a mi reino, libertad a mi pueblo…

Libertad te daré Vernagó…

sábado, 16 de julio de 2011

Mi Princesa




-Princesa… Hace cuanto ya que no me visitabas… Y hoy traes un vestido largo y de sedas pesadas, incluso de un suave color cereza… ¿Tu cabello avellana recogido en una trenza suelta…? Perlas adornan tu rostro y… ¿me honras mostrándote ante mí con la tiara da plata coronándote…? Dime mi amada Princesa… ¿Qué deseos no cumplidos te arrastraron hasta este bosque de fantasías…? ¿Qué caprichos desatendidos son los que esta vez te guían a mi humilde morada...? Pero déjame preguntar sin que mi voz tiemble demasiado… ¿Qué cosas revuelven aun más el caos de tu vida para hacerte esconder detrás de la damisela de tu corazón, mi amada Princesa…?

-Demonio de traje entero, que te alimentas de mi alma oscura, sabes que no puedo recurrir a ángeles de toga blanca y lo disfrutas… Esperas sentando en una gran piedra a orillas de la laguna, tu rostro manteniendo esa sonrisa desconocida para el mundo, ansioso por escuchar las historias de pasión, sangre y pecados que me consumen… Y yo, que no tengo otro juez que no sepa juzgar, me entrego a tus garras… Mi cuello siente el filo de la guillotina inexistente bajo la que me hinco y aun así no puedo evitar el seguir condenándome, porque las palabras escapan de mí, negándose a la muerte inminente que conmigo les espera…

-Cuanto temor me tienes… Y aun así vuelves cada vez que la ilusión y el romanticismo nublan tu visión o el despecho y la ira destrozan tu corazón… Y yo te recibo con alegría porque eres una de las mías… Porque nacimos hace trescientos años y ahora nos encontramos de nuevo, tú siendo el diablo vestido de damisela y yo el diablo vestido de abogado… Pero dejemos la nostalgia y los secretos mundanos para otra ocasión, que la humanidad no está preparada para ellos aún… ¿Cuentos de hadas…? ¿Historias del fin del mundo…? ¿Amores prohibidos...? ¿Qué romances traes para mí hoy…?

-Escucha bien entonces, porque hoy hablaré con mi propia sangre en las manos y el pecho abierto, herido, profundamente desgarrado… Sabrás de persas, gladiadores y piratas; y confesaré eso que me atormenta en sueños y me despierta con gritos y sollozos de mi propia voz… Lujos que lingotes de oro no podrían comprar… Caprichos que ningún rey podría complacer… Deseos que sólo deidades ya extintas serían capaces de realizar…

-Habla ya, mi amada Princesa…

-Había una vez, Demonio, en un reino muy lejano…

martes, 21 de junio de 2011

Papel y Lápiz



Estaba recostada contra el borde metálico del mesón. Solo fueron necesarios segundos antes de que el frío de este dejara de contrastar con su piel cálida escondida bajo el tosco uniforme. No, realmente no lo era, o tal vez si… Tela gruesa y desteñida, gastada y tiesa por el queso viejo el agua repetida y el jabón en polvo… Ella si lo consideraría tosco… ¿Y por qué no?

Se llevó la botella a los labios, la rosca sin apretar completamente para permitir que el oxigeno llenara el espacio que el agua abandonaba al deslizarse por su boca y perderse finalmente en su cuerpo… Todo con el burbujeante sonido de fondo... No las burbujas gordas de pecera, si no pequeñas, miniaturas…. 

La noche afuera convertía la ventana en un espejo de mala calidad que reflejaba su figura de forma perfecta si se tomaba en cuenta que, en efecto, no era un espejo... Los colores opacados y mezclados con el negro contrastaban perfectamente, delineando los límites de cada cosa con precisión… ¿Y su mirada se veía así de miserable…? ¿No era efecto del vidrio antes ventana y ahora espejo? Ella decía miserable, su madre posiblemente habría dicho insoportable aunque en efecto esa no hubiera sido la palabra que habría utilizado… O tal vez si pero con otra definición… ¡Cada una podía tener tantos significados!

Una música romántica de los noventa  la acompañaba en la soledad… La conocía y se sabía el estribillo aunque no pudiera repetir la letra… Era una mujer de mirada dolida y lágrimas a punto de desbordarse por sus mejillas decoradas con rubor para que hiciera un lindo efecto bajo las bombillas a cincuenta grados del escenario... Una mujer que estrujaba su propio corazón palpitante con la mano para exprimir cada uno de sus sentimientos, luego transmitidos en notas demasiado altas o largas para cualquier garganta humana promedio…

“…My heart will go on…” Cantó entre murmullos sin seguir la melodía real… Después de todo no era la misma cantante, tampoco la misma canción ni la misma letra, pero el punto ahí era que todas eran iguales… Un momento… ¿Quién había cambiado la emisora…?

Enarcó una ceja mientras miraba de reojo y con sospecha el antiquísimo aparato negro aun con lindas gavetas para los casetes… Tal vez no era tan arcaico… No consideraba que diez años fuera demasiado tiempo, si es que esa era en efecto la edad del susodicho objeto (había sido la primera cifra que se le vino a la cabeza, si debía ser sincera…). Diez años apenas era la mitad de su vida, un abrir y cerrar de ojos, un santiamén… Y pensar que hacía una década se habían derrumbado esos famosos edificios de los cuales nunca había conocido el nombre real… Mentira, si lo conocía y lo reconocía, que era lo importante al fin y al cabo, pero no podía repetirlo… Así como la letra de la canción de la mujer dolida… (De la, del, de él, de las… Tres tristes tigres comieron trigo en un trigal…)

¡Cuántos pensamientos inútiles en cuestión de segundos! Aunque en su mente había sido un poco más, una hora quizás si se permitía hipérboles… Y todo sólo en unos pocos segundos… La habían llamado escéptica hacía sólo unas cuantas horas y en cambio lo sentía fresco como si hubiera sucedido sólo unos minutos atrás, lo que se dura de la entrada a la cocina, no más de diez pasos… (¿Y de nuevo el diez…?) No sabía si eran menos o más de diez pasos, nunca los había contado y nunca lo haría... ¡Jamás! Aunque ahora que lo había pensado posiblemente la próxima vez lo haría, sólo para que la curiosidad matara al gato (pobre gato…). ¿A quién engañaba…? Mañana ya se le habría olvidado…

¿Realmente lo era? ¿Realmente era una escéptica? Y si lo era… ¿Cómo podía ser escéptica y feliz…? Ella no le encontraba el problema realmente… No eran palabras antónimas, tal vez ambas adjetivos, pero eso más bien las hacía iguales y no contrarias. ¿En otro idioma quizás…? “Skeptisch…” “Fröhlich…” Incluso rimaban aunque la fonología difiriera levemente al final, pero lo que importaban eran las vocales (la vocal en este caso)… Y pensar que esa simple letra, tan insípida y sin gracia, podría crear un poema… ¿Y llaman a la poesía arte? Esperaba le permitieran ser escéptica en lo que al tema se refería, y no precisamente una escéptica feliz dicho y sea de paso... ¿Cómo podía serlo si las oraciones demasiado cortas y el cantadito, como olas de altamar en carabela, estorbaban al igual que las moscas en las imágenes de bovinos de las revistas de NatGeo? (Realmente nunca las había contemplado más de lo que se dura en pasar una página. Nunca le había interesado el ganado aun cuando fuera Tauro y muy orgullosa, tenía que aceptarlo… Aun así se rehusaba a ser relacionada con una vaca, ella era un toro negro de músculos de boxeador… ¡Era un Lamborghini! Pero no era Muhammad Ali… Con el no se sentía identificada realmente, ninguna razón en espacial ahora que lo pensaba…)

Una presencia ajena detuvo la corriente de pensamientos que giraba en el disco de acetato (aun más arcaico que las gavetas para casetes). ¿Cuánto había pasado? ¿Segundos o minutos…? Horas no podía ser definitivamente, pero no tenía su reloj de pulsera para verificar… (¡Qué desesperante era el existir sin reloj!)
En algún momento había cambiado el peso a la otra pierna (la izquierda) y ahora su brazo colgaba desganado a un costado de su cuerpo (el izquierdo). Sujetaba la botella del cuello, aun con la rosca sin apretar del todo y amenazando con caer en cualquier momento, mientras la balanceaba lentamente, muy lentamente aunque constante, siempre constante hasta que la presencia la interrumpió…

-Ponte a trabajar…

-Nada que hacer…

-Ponte a trabajar…

-Ponte tú a trabajar…

-Ponte a trabajar…

Y desapareció nuevamente por el lado contrario del que había llegado (el derecho) llevándose consigo las últimas notas de su voz necesitada de atención y deseosa por matar instantes de ociosidad (la cual estaba vetada, prohibida, tema tabú…) con comunicación suelta e ilusa.

Volvía a encontrarse sola, la mujer del corazón palpitante ya se había ido también… Ahora sonaba muy bajito una canción completamente desconocida, ni si quiera podía tararear un ritmo sacado en forma de conejo blanco de su sombrero… Aun así seguía siendo una melodía igual a todas las demás, aunque en este caso se tratara de una tonalidad masculina (de esas que nunca le habían gustado)… Generalmente tenían un nombre bastante cliché así como ¿Michael…? Era lo más probable. Y los apellidos consistían simplemente en amontonados de letras, algunos simples otros que nada más verlos se resignaba a su escasa poliglotía… Eso sí, la mayoría comenzaban con… ¿D? ¿F? ¿L?...

Se giró sobre su propio eje para estrellarse (de forma figurada) con una lata industrial de sardinas. Nuevamente arqueó una ceja de forma elegante mientras una sonrisa felina se dibujaba en su rostro... Y Michael seguía insistiendo en el fondo con la necia melodía que no le gustaba para nada…

“Vida mía que me das hermosas alas para levantarme hasta el cielo y al mismo tiempo encadenas mis tobillos a piedras de plomo…” Posiblemente habrían sido las palabras de Shakespeare si se encontrara en su situación… Aunque él le habría agregado un dramático “Oh” al principio de la frase que, si en efecto la hubiera dicho el sentimental inglés, sería célebre en esos momentos… Pero no era el caso y eso de los anglicismos tampoco era lo suyo (a menos de que se tratara de insultar objetos inanimados y a veces insectos, entonces eran bastante prácticos) por lo tanto se mantendría fiel a su idioma, hermosa herencia de emperadores y hombres de miradas como oasis en el desierto… En todo caso estaba segura de que así habría dicho Shakespeare, mientras observaba con devoción romántica la calavera de ojos azules pero cuencas vacías… Ella podía usar su lata industrial de sardinas si es que le cabía en una mano… si no suponía que tendría que usar ambas, aunque no sabía si la impresión sería la misma… Ahora que lo imaginaba, no debía verse tan mal…

Observó la etiqueta de papel con borde rojo que mostraba las miserables tiritas en las que se habían convertido los dichosos peces…

¿En que había estado pensando antes…? Discos de acetato, moscas y bovinos, poesía y carabelas… Y el escepticismo… Había estado comparando la felicidad con el escepticismo. (¡Mirá vos! Ahora eran ambos substantivos… ¡Qué hermosa cosa era eso que llaman el idioma!) ¿Y por qué los comparaba…? ¡A nadie se le ocurriría jamás compararlos! Tal vez sólo al que le había dicho que era una escéptica. Después de todo a causa de él ahora quemaba neuronas de forma innecesaria en filosofías que a nadie interesaban (en realidad eso siempre lo hacía, pero nunca antes había realizado el proceso con sardinas). ¿La filosofía de la escéptica felicidad? ¿Del escepticismo feliz? (Ahora eran incluso combinables… adjetivo y substantivo, substantivo y adjetivo… ¡Hermoso!)

Sujetó la enorme lata con una mano (a duras penas) mientras que con la otra el enorme abre fácil. Era enorme realmente, una maravilla de la ingeniería, el sueño de un gato callejero y con sombrero de ala ancha como esos que salían en las series animadas… Uno… Dos… Tres… Tiró con fuerza y a la vez con cuidado para desprender el aluminio que hacía de tapadera, tratando de impedir una erupción de aceite apestoso y color rojizo. (Eran sardinas marinadas… ¡Sólo calidad!)

-¡Sardinas!

Esperó a que un tufo a mar rancio la aturdiera de golpe y la mandara a un mundo de naufragios, algas marinas y nauseas, pero en cambio fue la chillona y menopáusica voz con complejo de inocencia la que en esos momentos la hacía dar un brinco ridículo por el susto y crear el desastre que precisamente había querido evitar.

-Si…

-¡Sardinas, sardinas, sardinas! ¡Qué asco sardinas! ¿Te las vas a comer?

-No…

-¡Qué asco, qué asco! ¡Cómetelas, cómetelas!

-¡Arrrg! ¡Vete a trabajar, busca algo que hacer y déjame en paz!

El poder del trapo, el poder del periódico… En realidad el poder del sentido de inferioridad del perro que se deja ahuyentar por tales objetos domésticos... Suspiró evitando nuevos gruñidos sin sentido y maldiciones inapropiadas y llenas de anglicismos, sin embargo no pudo evitar arrugar el ceño ni controlar esos instintos asesinos que amenazaban con empuñar el cuchillo de cocina y acabar de una vez por todas con el origen de sus frustraciones. Entre más sangrienta la escena mejor, más satisfacción sentiría…

Parecía gato encerrado en el espejo de mala calidad mientras iba de un lado al otro aun con el paño en la mano. Inhalar y exhalar, y contar hasta diez, y poner la mente en blanco, y ¿gritar internamente a todo pulmón…?

Ya era suficiente, ahora manos a la obra. Regresó al mesón con el rostro impertérrito. La magia del autocontrol, o algo así… La magia de ser ella misma… ¿La magia del cine…? En realidad se consideraba buena actriz… La magia de tener una mirada miserable y a la vez insoportable (pero con una definición distinta).

Contemplaba la escena del crimen sobre el aluminio rayado. Achiote líquido amenazaba con resbalar hasta el suelo si no hacía algo antes para evitarlo… Qué nombre tan extraño, y tan criollo… Y no porque supiera acerca de sus orígenes o cual sería el significado de la palabra, la verdad no tenía ni la más mínima idea (tal vez sentía un ligero interés, curiosidad que se disiparía al día siguiente al igual que los diez pasos de la entrada a la cocina…), pero aun así era tan criollo, tan criollo como ella misma… Nunca había aceptado tal término, sin embargo en esos momentos se le hacía simpaticón, salvaje, digno e incluso lo acogía con ternura. Criollo su cabello, criollos sus ojos (no miserables, sino criollos, simpaticones, salvajes y dignos), criollas sus mejillas, criollo su cuerpo… ¿Y por qué insistían en regresarla a la península ibérica? Seguro los ronroneos tan arábigos que hacían erizar la piel de los brasileños eran demasiado tangibles entre vocablos visigodos y guturales… (Sabía que decía algo sensato cuando las palabras tenían esa conexión entre consonantes, tan íntima y a la vez tan inexplicable… Algo así como cuando las personas llamaban a la casualidad, destino. Ella se contaba entre el selecto grupo, claro estaba...) Amaba Toledo, Cádiz y Salamanca, aunque nunca hubiera puesto un dedo en alguna de las tres ciudades, tampoco conocía sus referencias, mucho menos los datos curiosos… Las amaba porque en ningún otro lugar se encontraba una “T” tan elegante, un “accent aigu” tan firme, la repetición constante de una sola vocal para formar una melodía natural y perfecta…

“Don’t cry for me Argentina…” No, eso no sonaba bien… “No llores por mí Argentina…” Ahora sí, mucho mejor… Cantaba mientras con la esponja húmeda limpiaba la masacre de achiote. Este y las sardinas seguían impregnando la cocina con su aroma inexistente a mar rancio. “No llores por mí Argentina…” (Y comenzaba de nuevo porque sólo conocía el estribillo.)

Entre sardina y sardina suspiraba de forma dramática sólo para convencerse de que aquel gesto realmente era necesario. Gracias a la casualidad, o sea el destino, no eran pececitos sino más bien tiras de pececitos… No soportaría tener que asesinarlos por segunda, o quizás tercera o cuarta vez, no mientras la observaban con esos ojos miserables (pero no como los suyos propios) abiertos como platos, incapaces de volverse a cerrar (debido a la muerta y no al hecho de que no tuvieran párpados)… ¿Habría Shakespeare resuelto el sufrimiento ajeno también con una frase próximamente célebre? Seguramente si… Los ingleses vivían rodeados de peces, así que más de uno debía haberse inspirado con ellos… aunque sólo fuera a la hora de la cena. Se desplegaban ante ella dispuestas en fila como soldados firmes, como rehenes orgullosos esperando su ejecución, como samuráis derrotados por occidente… ¿Habría conocido Shakespeare una sardina…? ¿Había sardinas en Inglaterra… que no estuvieran en latas… o en latas industriales…? No, seguramente no las había… ni truchas, ni corvinas, ni bacalaos… Sólo “Fish & Chips”…

Un suspiro más… Una, dos, tres horas… Diez, quince, veinte tercios de sardinas… ¿Pero qué sandeces estaba pensando…? Los ingleses eran “true Gentlemen”… Para el resto del mundo, que no sabía utilizar anglicismos, eran simplemente “Fish & Chips”, pero no para los ingleses… O eso esperaba… Si no ya podía comenzar a recoger retazos de palabras románticas y sueños en abrigos de invierno negros bajo un perfecto cielo nublado en Londres…

Un último suspiro… Y finalmente un rápido vistazo al reloj del otro lado. (¡Desesperante no tener reloj!) Agonizaba cada segundo hasta que no aguantaba más el sufrimiento de la incertidumbre y terminaba asomándose… ¡Casi diez minutos cortando sardinas! ¿¡Sólo diez minutos cortando sardinas!? Suficiente por un día, era hora de dictar sentencia… Un ataúd de aluminio, el sonido de zapatos andando en el barrial de un cementerio, y a la morgue junto a la cebolla cercenada, las lechugas decapitadas y el queso mozarela envenenado…

Ya estaba demasiado cansada para suspirar, sólo lo hacía en esos momentos en que no era necesario, pero cuando realmente lo ameritaba simplemente apretaba los párpados y apoyaba las manos en cualquier parte… Un buen estiramiento de lumbares nunca caía nada mal, aunque la mayoría de las veces sólo incrementaba el conocimiento del lacerante dolor producto del agotamiento… (Desintegraría su último pensamiento… ¿O el penúltimo? Ese de que “nunca caía nada mal…”) ¿Cuánto más faltaba…? No quería saberlo, no quería ver el reloj… pero sabía que se terminaría asomando. Siempre lo hacía… Y conforme la noche caía cada vez más pesada las miradas furtivas eran exponencialmente más constantes también.

Maulló y ronroneó mientras se estiraba y erizaba el lomo para luego restregarse los bigotes con las patas… Ya casi, era optimista… ya casi, porque ella era feliz y con alegría el tiempo pasaba volando… No recordaba si así iba la frase, pero así le calzaba, así que desde ese instante continuaría yendo así… (¿Iba así…? ¿Yendo así…? Así, así, así, así…. Así como cuando la lengua se enreda y los pensamientos terminan hechos un nudo…) Y si era feliz entonces tararearía una canción y entonces sería feliz… Alguien había dicho que las personas se esforzaban más por aparentar ser felices que por intentar serlo realmente… No había sido Shakespeare, tendría que revisar más tarde… (pero no lo haría porque lo olvidaría como el origen del achiote y los diez pasos de la entrada a la cocina). Y quería suspirar nuevamente, pero lo necesitaba y por lo tanto no podía… Así (así, así, así…) como cuando el pánico amenaza y la primera orden neurológica es correr pero, había que admitirlo, nadie lo hacía…

Sus parpados eran de plomo y sus brazos se movían de forma autómata… Agua, esponja, jabón, tarro, agua, esponja, jabón… ¿Era una escéptica feliz… o nada más una escéptica? Si lo fuera no estaría preguntándose si lo era, nada más lo sería… Pero hacía sólo una tarde estaba completamente segura de serlo y ahora se lo preguntaba… Si no hubiera conocido la posibilidad de no serlo entonces seguiría siéndolo, o sea que el problema residía en saber que existía la posibilidad de no serlo, la posibilidad de algo distinto, de dudar… Realmente era una escéptica…

-Qué bien, qué aplicada…

Soltó el tarro sorprendida, trató de salvarlo en un acto reflejo pero entonces saltó la esponja, su cuerpo se lanzó a atraparla y entonces el agua mojó parte de su tosco uniforme, el jabón simplemente hizo erupción como el achiote líquido, salpicando todo a su alrededor como burbujas en carnaval…

-¡Wow, cuidado!

Una risa de Alicia en el país de las maravillas, una voz de noche de bar, auto descapotable y negro, y uno que otro trago desinhibido… El tarro parecía de repente tremendamente interesante, su grandeza, su transparencia, su absolutamente nada que verle… Milésimas nada más, exactas eso sí, contadas, ni una más ni una menos… Entonces se atrevió a mirar de reojo…

-¿Nada qué hacer?

-Nada.

Silencio y había llegado el momento de perderse en el paraíso… Una teoría decía por ahí que el Edén se encontraba allá por oriente. Los científicos no tenían pruebas contundentes, pero ella sí… Era un oasis entre arenas acariciadas por un sol cálido y ardiente, un oasis de aguas turbias y arremolinadas… En el andaba la serpiente, pero no era mujer y más bien tenía cuerpo de felino, de león, de rey de la selva… y susurraba y arrastraba al pozo del deseo y acariciaba los labios con manzanas rojizas, dulces, aromáticas… prohibidas…

Una eternidad… Era devuelta hasta el Génesis en donde se andaba desnudo y la mente no funcionaba, no existían pensamientos… Nada más Adán y Eva y bestias sin nombre… nada más el árbol de la vida, el árbol de la verdad que no debe ser tocado…. El tiempo era infinito en ese oasis en el que no existía la poesía, ni Shakespeare… ¿Vidrios que eran ventanas que eran espejos…? Nada de Lamborghinis, ni siquiera estribillos… Inexistentes uniformes, sustantivos y adjetivos indescifrables…  Ningún Michael…  ¿Toledo, Cádiz, Salamanca? Para que anglicismos… Ninguna masacre de achiote criollo… ¿Cebolla, lechuga y queso mozarela…? ¿Cuáles dolores lumbares…? Sólo el agua turbia del pecado…

-¡SARDINAS!

-¡Arrrg!

-¡Se acabó la noche!

-¿Cómo…?

La cocina, el reloj, el jabón, la lata industrial ahora sin sardinas, el aparato antiquísimo, la esponja y la botella… ¿Y el oasis…? Había desaparecido en cuestión de segundos escabulléndose por una esquina... Segundos, habían sido sólo segundos… Horas en su cabeza… ¿Una ilusión del desierto…? No, una ilusión creada por el agua turbia, por el agua que arrasaba con todas sus ideas, ideas que se enredaban, se creaban, evolucionaban, se soltaban, se perdían… Pero sólo hacía falta un poco de agua, un maremoto y todo se disolvía como si nunca hubiera existido… ¿Había existido…? ¡Estaba siendo escéptica de nuevo! Lo estaba siendo, pero su corazón palpitaba con fuerza, palpitaba con fuerza y sonreía… Dudaba, pero era feliz… ¡Era una escéptica feliz!