La fina arma de plata se deslizó por su manga hasta acomodarse entre sus largos dedos. Un rápido movimiento de pies y un quiebre preciso de la muñeca le dieron la dirección y el impulso suficiente. La daga silbó al dividir la corriente de aire que intentaba impedir su paso hasta incrustarse en la pared a sólo centímetros de su objetivo.
Imposible… ¿Había fallado? No… Lo había evitado…
No detuvo la inercia de su cuerpo. Su antebrazo se acomodó en el cuello contrario, aprovechando el desconcierto del momento, mientras su puño se cerraba sobre la tela azul. Un tirón con suficiente fuerza y su víctima perdería la protección a su espalda; una rápida barrida y se precipitaría al suelo donde terminaría de acorralarlo.
Todo su peso se concentraba en los puntos claves para detener cualquier intento de escape: su muñeca, sus brazos, su pecho… No tenía su arma… ¿Ahora qué? Instantes de duda en los que su ceño fruncido mantenía una expresión impasible aun cuando aquellos ojos avellanas le devolvían la mirada de forma confusa… e inocente.
-¿Coco…?
Un susurro interrogante.
-¿Coco, qué haces…?
Una sonrisa desconcertada.
-Aun no llegamos…
-¡Silence!
Una interrupción abrupta.
-¡Jusqu’ici! Je ne peux pas... continuer...
La seguridad, la ira, la imponencia… ¿Se habían quebrado en su voz? Ahora sólo había frustración en ella… ¿desesperación, tal vez?
-Sabes que no entiendo tu lengua mágica… Menos si te escondes de mí…
Esconderse… ¿En qué momento? Sus ojos como el vino evitaban los de él y ahora se posaban en las líneas del cuello descubierto; sus dedos habían dejado de sujetar y en cambio se entrelazaban con los contrarios; su mano que presionaba contra el suelo se aferraba ahora con desesperación a la tela.
Una caricia suave rozó su mejilla, la tomó del mentón y la hizo levantar el rostro nuevamente.
-¿Por qué no lo hiciste…?
-Lo sabías…
-Desde el momento en que vi el filo brillar…
-No lo sabías…
Una sonrisa pícara le surcó el rostro.
-¿Cómo podría haberlo sabido…?
El roce se extendió hasta su labio inferior, delineándolo con delicadeza y precisión.
-Me engañaste de la forma más hermosa…
Debía cerrar los ojos, no verlo más y actuar sin pensar. Acabar con su deber de una vez.
-Tengo que hacerlo…
Pero su cuerpo no respondía y su fuerza se esfumaba.
-Lo siento, Coco…
La furtiva mano se enredo entre sus cabellos negros y la atrajo a él.
-Pero no puedo morir aquí…
Un giro ágil y veloz fue suficiente para desequilibrarla; para arrebatarle la ventaja y atraparla entre el frío del suelo y la calidez de ese cuerpo dominante… Ahora notaba su derrota.
Había perdido desde que comenzaron a andar por ese oscuro pasadizo; desde el segundo mismo en el que había decidido buscar el momento perfecto; desde el instante que había atravesado el portal, la muralla y esas puertas dobles para toparse con esas ropas tan azules, esa sonrisa tan inocente, esos ojos tan avellanas… Había sido un fracaso dulce e inevitable…
-Mátame.
Bajo el alivio se escondía el dolor y la resignación…
-No…
Sintió el aliento de vainilla entremezclarse con el suyo, nublando sus sentidos y destrozando su razón.
-Vivirás por siempre con tu derrota y el amor que te ha vencido…
Sus labios fueron apresados con suavidad. Un roce ansioso y dulce; un beso sin inocencia…
-Al lado mío…
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