miércoles, 5 de marzo de 2014

Lobo, el dragón García y la princesa enloquecida






Aun llevaba las gafas de esquí en la cabeza cuando se sentó en el balcón con un chocolate caliente y espumoso, además de una rosquilla rellena con crema de vainilla y cubierta de azúcar molida. No le gustaban las sillas, por lo que se acomodó sobre la mesa adoptando la típica posición de loto. Observó entonces el paisaje que se extendía ante ella y con una sonrisa se llevó la taza a los labios. Era una vista espectacular, de montañas nevadas y un cielo embotado. Los pinos adornaban las faldas, creando manchas de bosque, y uno que otro se arriesgaba a abandonar la seguridad del grupo. Estos eran tan diminutos, que le hacían notar la distancia y la extensión de lo que contemplaba… Era simplemente monumental.

La puerta se abrió detrás de ella y él salió con una bolsa llena de manzanas y una de las frutas en la mano. Esta ya había sido mordida y exponía su herida con dolor; incluso la marca de los dientes era perfectamente distinguible. Sin decir nada se sentó a su lado, igualmente sobre la mesa y utilizando la silla para apoyar los pies. Los codos descansaban sobre sus muslos, mientras su mirada recorría el paisaje austriaco con una seriedad guiness.

Ella lo contempló unos segundos, esperando a que dijera algo, pero sabía que no lo haría. Nunca lo hacía. Sólo la buscaba, ignorando a los otros treinta y cinco, y se acomodaba junto a ella no importandole donde se encontrara o que estuviera haciendo. Ya se había acostumbrado, pero aun así siempre lograba asustarla cuando aparecía de forma silenciosa y misteriosa… y luego simplemente no decía nada. Esperaba siempre un minuto y luego perdía la paciencia. Lo había cronometrado antes un par de veces, era un minuto exactamente. Aunque una vez había logrado incluso el minuto con siete segundos… 

-¿Cómo puedes comer manzanas en invierno? –Era lo que en el momento saltaba a su vista. –Y una bolsa entera… Se supone que esas son las manzanas para el pie.

-Es verano… -Escuchó el crack de los dientes mutilando la carne de la fruta nuevamente. Al másticar se concentraba en el lado derecho, por lo que adquiría un cierto aire de niño con la boca demasiado llena. Entonces la miró con el rabillo del ojo, enarcando una ceja con escepticisimo. -¿Y por qué no se pueden comer manzanas en invierno…?

-No son buenas, vuelven las hadas en tu estómago crueles y frías… -Dijo aquello, concentrándose en el paisaje frente a ella. Pudo notar aun así como la explicación no parecía haber aclarado realmente nada. 

-Y tu rosquilla…

-En invierno necesitan mucha azúcar para funcionar bien. Si no comienzan a revolotear demasiado y pueden dañarse las alas…

-Es verano. 

-¿Te parece eso verano? –Con una mano señaló las montañas nevadas.

-Es un glaciar, siempre se ve así…

-Exacto. Estamos congelados en el tiempo… en un invierno del siglo IX, cuándo el imperio austrohúngaro aun encerraba a sus princesas en castillos y contrataba dragones para que las protegiera…

-El imperio Austroúngaro no tiene nada que ver con la edad media… -Ella sólo se encogió de hombros y le pegó un mordisco más a la rosquilla. 

-Se escucha mejor que el Regnum Francorum si me lo preguntas… Aunque tendrás que quejarte con Nina. Ella es la que siempre me cuenta las hitorias que García le cuenta… Y García cuenta sobre el imperio Autroúngaro en el siglo IX y la princesa enloquecida.

-¿Quién es Nina? 

-La cocinera. -El meneó ligeramente la cabeza como si intentara ordenar las ideas. Entonces frunció el ceño y la observó desconcertado.

 -¿Y García? 

-El dragón que cuida a la princesa… -Por un momento despegó la mirada de las montañas y lo miró a los ojos. –Nina dice que tiene cierto aire a Dalí, pero que sólo lo vez cuando suspira y los bigotes se le tensan con la corriente de aire... 

Por primera vez sonrió y en la comisura de los labios se le formaron camanances. Entonces giró el rostro repentinamente, intentando esconderlo. No le gustaba que lo vieran reír y ella no podía entender el por qué. En realidad nunca lo veía sonreír a menos de que la hubiera buscado de nuevo, dejando a los otros treinta y cinco detrás, pero cuando lo hacía, le gustaba… Sintió entonces como las hadas reclamaban azúcar nuevamente, por lo que le dio un trago largo a su taza de chocolate. Ahora que se había enfriado un poco podía tomarlo con más prisa, como le gustaba. 

-Deberías dejar de visitar a… a Nina… Tus historias son raras, pero esta está rematada…

-Tu también la visitas… -Al decir esto él mordía la manzana nuevamente y extrañamente casi se atraganta ante su comentario. –Pero si no le preguntas el nombre nunca te contará ninguna historia, menos la de García y la princesa enloquecida. –La miraba ahora con desconcierto, pero ella simplemente siguió. –Siempre te prepara tu bolsa de manzanas, así como me prepara a mi rosquillas con crema de vainilla. Por eso no hemos tenido pie de manzana, siempre te las reserva a ti. Dice que “…el joven Lobo las necesita… las necesita hasta que logre salvar a la princesa enloquecida…” Creo que le caes bien… -Notó como tanto la seriedad de su rostro, como los camanances de hacía unos momentos, desaparecían. Ahora la observaba con orbes tan abiertos como los de un gecko. Ella simplemente le sonrió. -¿Quieres que te cuenta la historia? Pero lo haré sólo si la próxima vez llamas a Nina por su nombre…

La única respuesta que obtuvo fue un gruñido ligero, además de que volvía a fruncir el ceño. En esos momentos terminaba también de comerse la fruta, dejando sólo el palito. Hasta las semillas y el mismo corazón lo había triturado. De verdad parecía necesitar la fruta, porque sin pausa tomó una nueva de la bolsa y con ganas, o tal vez furia, la mordió produciendo un doloroso crack. No había visto a nadie comer una manzana con tanto sentimiento antes…

-Había una vez un imperio Austroúngaro, al cual le gustaba encerrar a las princesas hermosas, porque era costumbre encerrar princesas hermosas. La princesa de esta historia tiene el cabello negro, aun cuando todas las demás son rubias y grandes. Ella es chiquita pero hermosa y el imperio Austroúngaro la encerró en aquella gruta… -Señaló un area oscura, que a tanta distancia no era realmente distinguible. El entornó los ojos y su semblante demostraba que no lograba ver realmente lo que ella le mostraba. Aun así siguió… -En la gruta hay un castillo construído, en el cual vive la princesa desde entonces. Por eso se ha congelado el tiempo también, ya que este lugar le pertenece a la princesa y a su eternidad… El castillo lo cuida y guarda García, un dragón contratado y que sufre de depresiones. El siempre baja a conversar con Nina, ya que no puede hacerlo con nadie más. Ya sabes, la princesa está loca… –Se encogió de hombros y lo observó con resignación, como si la pobre mujer de cabello negro no tuviera salvación. Él sin embargo ya no observaba el paisaje del todo, sino que se concentraba en ella mientras mordía la segunda fruta aun. 

-Toda princesa tiene un príncipe azul por supuesto, pero esta princesa tiene un príncipe gris… Se llama Lobo y se pueden escuchar sus lamentos en las noches en las que no ha logrado alcanzar a su princesa. Es un príncipe solitario y desesperado que, al salir la luna, busca siempre una nueva vía para entrar en el castillo. Lastimosamente no siempre lo logra y cuando esto sucede se hunde en el frío de la montaña y aulla aun más fuerte, cómo si el corazón se le despedazara poco a poco… Extrañamente nadie lo puede escuchar, sólo García y la princesa… Y Nina, o eso dice ella por lo menos… -Hizo una pausa y luego volvió a hablar con voz más profunda. -Cuando la princesa lo escucha, se encierra en su habitación y no pudiendo hacer nada… enloquece aun más.

-¿Por qué…? 

-Porque está enamorada y ha vivido doce siglos en la incertidumbre de no saber si Lobo aparecerá esa noche o no. 

-Podría simplemente irse con él…

-Si lo hiciera ya no sería una princesa y el tampoco un príncipe. Serían gente normal y corriente, que se da lo que quiere y luego ya no tiene nada que pedir. Ella perdería su belleza al no tener que esperar y el perdería su fuerza al no tener que llegar a ella…

-Eso es estúpido. No tiene sentido… -La interrumpió con voz incrédula. De repente se había olvidado de volver a morder la manzana. –Si es hermosa, seguirá siendo hermosa. Si el es fuerte, seguirá siendo fuerte…

-Puede ser, pero tienen miedo de que no sea así y por eso García se deprime y busca consejo con Nina… Es un romántico sin remedio y cuida el castillo, pero a veces no puede soportar la crueldad de su deber y deja a Lobo pasar… Entonces disfruta como la princesa y el se encuentran una vez más. Nina dice, que García dice, que es algo increíbley único… Fuego hecho vida, vida fluyendo entre besos y suspiros… -Él la miró unos momentos, pero no la veía a ella realmente. Parecía más bien inmerso en sus propias ideas. Entonces giró el rostro con violencia y volvió a morder la manzana.

-¿Y pod qué Gadcía simpemente no ho deja pasad siempde…? –Dijo con la boca medio llena. 

-Porque tendría que morir… Un dragón sólo puede faltar a su deber en el caso de que muera. García es un romántico sin causa, pero sigue siendo un dragón al fin y al cabo, por lo que no puede ser tampoco lo suficientemente romántico… -Suspiró con pesadez, sus ojos destilando nostalgia y tristeza. -Los dragones no son tan románticos, lastimosamente…

-¡Qué estúpido! Nadie tiene que morir. –Jugaba con la fruta mordida en su mano y la observaba con desprecio, como si derepente no se viera tan apetitosa. -Ellos son los únicos culpables… -Aquello último fue casi un susurro.

-Yo moriría por ellos… -Sonrió al ver que los ojos claros la contemplaban ahora con increíble sorpresa. –Moriría al instante y les dejaría la puerta abierta… Así Lobo podría volver todas las noches o la princesa podría seguirlo cuando quisiera… Pronto perderían el miedo y sabrían lo mucho que se necesitan, sabrían que nunca más podrían separ…

-¿Por qué Nina te cuenta esas cosas? –Soltó de repente con voz exasperada. Sin previo aviso se puso de pie, apartando la silla con violencia y haciendo que las patas de la misma rechinaran contra la madera del suelo. –Qué historia más rematada… -Su rostro volvía a endurecerse y sus ojos claros despedían una ira desconcertante y confusa. Ella sólo lo miró con sorpresa y sin saber el por qué de la impulsiva reacción. El tampoco esperó a que dijera nada. Se dirigió al interior del hotel nuevamente, dando un portazo a su espalda y provocando que el balcón se sacudiera. 

De nuevo se encontraba sola y con el pulso acelerado. Las hadas revoloteaban con tanta desesperación en su estómago, que incluso creía comenzar a sentirse mal. El problema era que ya no tenía ganas de comerse el resto de la rosquilla y dudaba mucho que las hadas quisieran tampoco… El cielo embotado había comenzado a oscurecerse y la gruta ya no era visible. Se preguntaba si esa noche Lobo alcanzaría a su princesa y se desharía en besos y suspiros con ella... 

***

Sentía como el baño caliente había reconfortado sus músculos y aligerado su mente... incluso el alboroto de las hadas había cesado ya bastante. Se puso pijama de una vez, ya que no iría a la fiesta del último día. Nunca lo hacía, prefería conversar consigo misma y dejar volar sus ideas con la música. Eso era mucho mejor que observar y no descubrir nada, que desear y no obtener… Así por lo menos sabía que en sus sueños no sería decepcionada, o por lo menos en la mayoría de los casos era así… 

Se secó el exceso de agua del cabello con un paño, y luego de desenredarlo y secarlo, entró en la habitación compartida. Soltó un grito entonces, al ver a alguien sentado en su cama. Se suponía que estaría sola, por lo menos hasta entrada la madrugada, y no había oído que nadie tocara la puerta o parecido…

-¿Qué haces aquí…? –Nunca la buscaba dos veces en un día y menos en un momento así. Debería estar junto a los otros treinta y cinco, celebrando algo ilógico y escuchando conversaciones que poco le importaban. Sabía que era así, lo podía ver en sus ojos claros… Además se preguntaba como había entrado, sólo habían dos llaves y ella tenía una de ellas… ¿se la habría pedido a…?

-No pareces muy feliz de verme… -Enarcaba una ceja, mientras la observaba con seriedad. Esa vez no llevaba manzanas y tampoco parecía vestido para la ocasión. Más bien podría decirse que, como ella, andaba en pijamas también. 

-Deberías estar con los otros treinta y cinco… -No sabía que más decir. Aquello se salía completamente de los patrones que ella conocía. Eso la confundía y nublaba su mente. Él simplemente rió por lo bajo y se puso de pie, bloqueándole el camino mientras escondía las manos en los bolsillos del pantalón.

-¿Por qué debería…?

-Porque eso es lo que haces… -Aquello no pareció gustarle en absoluto, ya que su rostro se endureció como el de una estatua. 

-Pues ya no. De hecho estuve hablando con Nina… -Se cruzó de brazos mientras la miraba desde sus veinte centímetros de más. Ella lo contempló con desconcierto y sintió como las hadas comenzaban a despertar nuevamente. Y tanto que le había costado volver a calmarlas… –Lobo, García y la princesa enloquecida existen…

-¡Claro que existen! –El simplemente ladeó una sonrisa y continuó hablando. 

-Como dije, estuve hablando con Nina y nadie tendrá que morir. Además he tenido unas cuantas palabras con Lobo también… De fuerte no tenía nada… -Pestañeó un par de veces, intentando comprender le que le decía. Él nunca había hecho algo así, él nunca había vuelto a ella o hablado de sus historias de nuevo… Tal vez se debía a que fuera de Nina en realidad… –Y por último… me he asegurado de algo, que la verdad sabía desde hace demasiado tiempo... –Clavó su mirada clara en ella, obligándola a recorder a las hadas de nuevo. -La princesa nunca perderá su belleza… 

Sentía como las palabras se agolpaban en su boca, luchando por salir. Al mismo tiempo sin embargo, no encontraba su propia voz para hablar. Por más de que intentara ordenar la información en su cabeza, esta parecía estar rodeada por una neblina que simplemente le impedía pensar con claridad… Además, tenía la extraña sensación de que cada vez había menos distancia entre ellos. Lo único que logró pronunciar en su confusión fue un torpe… 

-¿García… no tendrá que morir? –Curvó los labios en una mínima sonrisa. 

-El es un dragón y los dragones necesitan dormir mucho. En sueños pueden ser además todo lo románticos que quieran. García está ya cansado y ahora podrá disfrutar de los suspiros de Lobo y la princesa enloquecida mientras duerme, sin tener que morir… -De repente sus ojos claros se encontraban a sólo centímetros de ella, tan cerca que podía observarlos con detalle: los rayos de luz, las sombras grises y los matices verdes... Sintió entonces un vuelco en el estómago. Necesitaba azúcar urgentmente antes de que las hadas se fueran a lastimar las alas. 

-¿Y si despierta…? –Su voz era un hilo silencioso y casi inentendible, pero es que no necesitaba más tampoco. El se encontraba tan cerca ya, que nisiquiera se atrevía a verlo a la cara. Desvió la mirada hacia algún lado, evitando las líneas de su rostro y buscando un punto lo suficientemente interesante en la alfombra. Ahora incluso podía sentir su aliento cálido y con sabor a sandía acariciar sus mejillas y humedecer sus labios… Cerró entonces los ojos, mientras pensaba que debía apagar ya la calefacción.

-Cuando García despierte, ya Lobo y la princesa habrán muerto… -Su voz era un susurro también. Este cosquilleaba en su lengua y se convertía en un escalofrío, el cual recorría su cuerpo y la hacía temblar… –Cuando despierte, ya se habrán deshecho en besos y suspiros… García no tendrá a nadie más a quien guardar… -Entonces lo pudo confirmar. Estaban tan cerca ya el uno del otro, que no había espacio entre ellos…

Primero fue un roce casi imperceptible, ligero e inocente… luego una presión suave sobre sus labios. El aire escapó de sus pulmones y las hadas terminaron por enloquecer. Gritaban con hambre, como si no hubieran sido alimentadas nunca, y sabía que con azúcar ya no podría mantenerlas bajo control. Escuchó tres veces el latir de su corazón en su oído y entonces su mente se desconectó… Su cuerpo se abalanzó hacia él, sus manos se enredaron en su cabello suave y su boca apresó la de él. Mientras tanto sus brazos la rodeaban por la cintura y la atraían aun más, si es que eso era posible…

No era un beso suave y romántico, si no irracional y apasionado. Ella intentaba contar todo lo que no había podido hasta ahora, mientras el luchaba por centrarse en cada una de las sensaciones que comenzaba a descubrir. Sus lenguas trataban de imponerse al otro, sabiendo cada uno que aquello sólo funcionaba porque ninguno se daría por vencido. Habían esperado demasiado, habían anhelado en silencio, se habían deseado con desesperación… Y ahora que lo sabían, no lo dejarían pasar…

Fue una eternidad en la que su mente se desboronó y sus sueños perdieron los colores vivos que ella misma les había dado. Nada se acercaba a la realidad, nada podía compararse a sentirlo realmente, a escuchar sus supiros en el silencio de la habitación chocar contra los suyos propios… Nada podría superar el hecho de que fuera ella la única que podía disfrutar de aquello… que fuera parte de ello, que lo provocara. Pero nada era infinito y algo tan explosivo tenía que acabar también, sobre todo cuando los pulmones volvían a exigir oxígeno... 

Tenía la respiración agitada, temblaba ligeramente y aun no se atrevía a abrir los ojos. Tenía miedo a descubrir que todo era nada más un producto de su imaginación, una creación de su mente siendo alimentada por violines y flautas… El subir y bajar rítmico de su pecho contra el de ella le confirmaba sin embargo, que aquello tenía cuerpo, uno que en esos momentos se aferraba a ella con desesperación. Con sorpresa sintió entonces como sus labios, aun rozando los de ella, se ampliaron en una sonrisa… Ella misma no pudo evitar hacer lo mismo al imaginarse los camanances…

-A partir de mañana Nina podrá hacer su pie de manzana…

-¿Ya no irás por más…?

-Ya no me harán falta… Estoy seguro mis hadas estarán satisfechas con su nueva dieta…

-¿Azúcar…? –Finalmente abrió los ojos, encontrándose con los claros de él, los cuales la observaban con detenimiento. Brillaban y destilaban algo dulce… algo que nunca antes había visto en su mirada.

-No… Una princesa eternamente hermosa y rematadamente loca… -Volvió a apresar sus labios con suavidad y deseo. Al parecer las hadas aun tenían hambre, al parecer tendrían hambre toda la noche, todas las noches…

Ya no tendría que hacerse más preguntas… Lobo había alcanzado a su princesa enloquecida para siempre y se deshacería en besos y suspiros con ella…