viernes, 13 de mayo de 2011

Del otro lado en France...




Variedades dialectais… Dialectos galegos… Lindley Cintra… Não são dialectos, são falares... Bon vinho, bon vinho... Bewusstsein... Lingua nacional... Grenzen mit Spanien... Nicht „terra” sondern „tierra“... Mussen von Galego getrennt werden... Export so wie in Deutschland... Machen sich über die Bayern lustig... In Frankreich über die Belgien... In Frankreich... Na Francia... En Francia... En France... En France... La France...
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- ¿Frank………..? Frank…. ¡Frank!

- ¿Jum?

- ¿Dónde está Deveu?

- ¿Cómo voy a saberlo? –Humo blanco y espeso escapaba de entre su boca cada vez que pronunciaba una palabra.

- ¿Cuántas veces te lo he dicho…? Deja de fumar eso.


- Ni hablar… -Inhaló una bocanada más, la comisura de sus labios mostrando una sonrisa torcida. –Seré inmortal como los elfos…

- Enloquecerás…

- ¿Alguna vez has visto un elfo demente?

- ¿Alguna vez has visto un elfo, Frank?

- Lo haré algún día…

-¿Dónde está Deveu?

- No lo sé…

- La chica está con él…

- ¿Y qué…? Sabes que es un bastardo… -Su mirada esmeralda y turquesa seguía los espirales que ascendían lentamente, mientras ignoraba los inquisitivos ojos que se clavaban en él como molestas agujas.

- Búscalo...

- No soy niñera…

- Búscalo. –De una zancada llegó hasta él y le arrancó el cigarro de los labios para luego lanzarlo a las llamas inquietas de la fogata.

- Argh… -Resopló molesto… Estiró los brazos y arqueó el cuerpo… Luego se levantó con pereza y sin decir más, comenzó a andar, dándole la espalda a su general.

~~~

¿Dónde quedaron los furiosos volcanes en el horizonte y las rocas áridas y rojizas…?

Abrazaba sus piernas, intentando cubrirlas tanto como le era posible para aislarse así del la luna arrogante que poco a poco absorbía su calor. Además sentía el rocío tardío en el pasto, o más bien los restos de una lluvia torrencial que habría arremetido contra aquel paraje momentos, días o tal vez años antes, el cual traspasaba la delgada tela de su vestido y mojaba su piel sin consideración. 

Eran colores como los de un cuento de hadas y aun así apenas distinguibles entre tonos fluorescentes subyugados por el pesado negro. El cielo salpicado de escarcha blanca no parecía tener forma alguna… ¿Y cuándo le había encontrado una? Buscó una, dos tres… Imposible entre millones… ¿Tal vez las suyas propias? Ni siquiera con postes de luz a media noche…

-Sigues aquí… -Un sonido profundo y a la vez hosco, el cual la sacó de sus filosofías. Giró su cuerpo sin levantarse, encontrándose con una figura alta difuminada en el fondo nocturno. Sólo la mirada oceánica, translúcida e inalcanzable, refulgía con brillo propio. -¿Qué estás esperando? -Pestañeó confundida. Aun mantenía el silencio inquebrantable, el cual el otro había decidido violar repentinamente. –Vete. –Dejó caer los leños al suelo, produciendo un sonido hueco, dulce y armónico de instrumentos de viento.

- ¿A dónde…? –Imaginó un llanto ridículo, un quejido lastimero, pero en cambio fue suave como la canela en polvo, como el cremoso chocolate… Un ronroneo irreconocible y ajeno… Teniendo un especial e innecesario cuidado con las faldas del vestido, se puso en pie, sus piernas resistiéndose nada más por el gusto, la necedad y el deseo de rebelión. Los bordes manchados, oscurecido el intenso amarillo como el sol mismo. Un diseño de degradación… de la tierra al fuego, de la euforia al ensimismamiento

Él la miraba con el ceño ligeramente contraído. Una oscuridad de sombras blancas, mínimas, y aun así la línea de la mandíbula que definía el contorno de su rostro era un pincelazo de claridad perfectamente trazable a la distancia. El que se encontrara sobre su imponente caballo o no, el que se escondiera bajo un cuerpo frío y de acero o envuelto en telas marrones y sueltas, el que la apuñalara con la mirada o le diera la espalda insolentemente… ¿Podía referirse con tal palabra en una situación como esa…? No importaba… Daba exactamente lo mismo… Era una imagen alta y de espalda ancha que la reducía a una delicada vulnerabilidad y la volvía sensible a un miedo que realmente no temía…

-No tienes a donde ir… -No era una pregunta, si no una confirmación cargada de sospechas…

-No sé… No sé donde estoy… -Nuevamente un tono suave, dulce e infantil. Una voz que no reconocía , que no era la suya.

Comenzó a acercarse, las botas haciendo temblar el suelo, el interés de un león perezoso a la hora del atardecer. Su pulso reaccionó, despertando su instinto. Fueron segundos en los que sus pies no alcanzaron la velocidad contraria. Su mano se aferró a la muñeca masculina cuando los dedos del jinete sujetaron su mentón, obligándola a levantar su mirada y encarar sus ojos de cazador profesional…

-¿Qué pretendes? –En la voz seseante se deslizaba la violencia, controlada y oprimida, palpable y deseosa… 

-¿Quién eres?

Lo observó extrañada. No sabía si reaccionar con insolencia o nada más responder a la aparente inocencia de la pregunta. ¿Quién era? Separó sus labios dispuesta a contestar, pero entonces se detuvo… Su voz nunca llegó. Un vacío incómodo provocó una explosión de sangre en su corazón, que al mismo tiempo debilitó sus piernas y le produjo un escalofrío extraño. Su nombre… ¿Cómo se llamaba? Sus mejillas se encendieron, de repente sintiendo demasiado calor… ¿Quién era? ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Dónde estaba?

-Responde… -Una sonrisa ligera, sutil, amenazante, cínica y despiadada se asomó entre la comisura de sus labios. –Responde… No me hagas decidir por mí cuenta, porque soy pesimista... –La presión en su rostro aumentó y la distancia disminuyó. –Confusión, miedo, impotencia, desconcierto, nervios… -¿Nerviosa…? –La mueca comenzaba a ser siniestra. –Dime que pretendes Marasha y consideraré mis acciones…

¿Marasha…? La frase danzó entre sus pensamientos antes de revelar su verdadero significado. Entonces la adrenalina estalló en su cuerpo, dispuesta a jugar su papel de héroe. Retrocedió librándose del agarre de su rostro mientras su mano libre se dirigía hacia el jinete en un vano intento por alejarlo, por defenderse. Inútil… Fueron sólo fracciones de segundo en los que se encontró completamente bloqueada. Un quejido escapó de su garganta cuando sus brazos fueron inmovilizados detrás de su espalda, obligándola a girarse. Entonces el filo metálico rasgando la noche y el amenazador cuerpo contra ella descargaron un latigazo de terror que la recorrió de golpe. 

Su pecho subía y bajaba de forma agitada. Sentía las manos frías contrastar con la piel ardiente que la aferraba, su cuerpo erizado ante la afilada hoja que rozaba su garganta. La había dominado por completo al sujetar sus muñecas y encerrarla entre él mismo, apegado completamente a su espalda y la larga espada que amenazaba con degollarla en cualquier momento. Apretaba los ojos y sentía como las lágrimas amenazaban con empezar a agolparse. Un sudor helado la recorría… ¿Iba a morir…?

- Definitivamente eres un bastardo… -Una voz fluida como el agua, alegre como la risa de las hienas a media noche. 

- Frank… -La tensión se redujo, aunque no lo suficiente para que pudiera sentir alivio. Aun así sus ojos se mantenían cerrados por miedo a encontrarse con los océanos.

 - ¿Qué haces aquí…? –Cómo una catarata.

- ¿Qué quieres…?

- Te busca… -Una pausa… -O más bien a la chica…

-Es una Marasha…

-¿Y con esos ojos esperabas que fuera una Bairyu……….?
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Bayerish… In Bayern… Bei Bayern und Österreicher... Un bon vinho... Estamos em Viseu... So wie in Barcelona... Barça... Casa, caza... El seseo... Salamanca bis Cataluña...Madrid... Madrileño... Nach Lissabon runter gewandert... Lissabon liegt tiefer… Nos… Nos estamos… Pouco… Pouca coisa… Richtung lingua padrão... Estamos a cantar... Estamos cantando.... Auf die Grundlagen von Lindley Cintra...

Bis nächster Woche...

martes, 10 de mayo de 2011

Del otro lado...




Observaba como las delgadas líneas azuladas, o tal vez púrpuras, se deformaban poco a poco hasta transformarse en delgadas serpientes con cabeza negra de dragón… Pestañeó intentando disolver la neblina blanca que comenzaba a disiparse sobre la mesa y amenazaba con nublar sus sentidos, pero ya era demasiado tarde…

Las mitológicas criaturas escapaban de su encierro bidimensional, ignorando la barrera de fuego que servía de límite entre la realidad y la fantasía, liberándose así a un mundo de erupciones volcánicas en el horizonte, de un cielo negro y tormentoso, de aire violento y aroma a sangre… La ceniza abrasaba los pulmones como fuego ardiente y hacía girar la cabeza de forma vertiginosa…

Se encontraba de rodillas y el suelo temblaba bajo sus manos. Cientos de cascos retumbaban en su pecho, mientras relinchos inquietos y bufidos agitados tronaban en sus oídos al acercarse. Asustada se levantó, con pasos torpes gracias a sus sandalias, justo en el momento en que cuerpos musculosos de patas largas y fuertes, sudadas por la carrera, la rodeaban con una precisión cercana y peligrosa. 

Se cubrió la cara mientras apretaba los párpados con fuerza. ¿Qué estaba sucediendo? Su piel sentía los roces inexistentes, inducidos por el sólo temor de ser aplastada por la agresiva masa que ahora la encerraban. Se meneaban sin avanzar ni retroceder, manteniendo siempre el calor del movimiento, golpeaban el suelo con el hierro de sus cascos… La observaban en un silencio inquisidor y sepulcral, quebrantado únicamente por su propia conmoción. 

-Una esclava…

-No…

-No lo parece…

-La hija de un feudal…

-Una esclava abandonada…

-General…

-Un terrateniente…

-Tiene vestimentas de esclava…

-¡Silencio! –La voces a su alrededor cedieron en seguida. –Identifícate…

Le hablaban, le hablaban a ella directamente. Lentamente y con cierto temor sus dedos resbalaron hasta sus mejillas, descubriendo así su mirada cristalina. Sus ojos trataban de enfocar una figura en específico, pero se encontraba completamente rodeada y costaba diferenciar uno del otro. Ropas de grueso cuero, armaduras, yelmos de hierro, espadas, lanzas, ballestas, corceles color chocolate, negros como el hollín, bayos claros y blancos moteados de gris… ¿Soldados? No… Guerreros… Caballeros….

-¿General…?

-No parece estar armada… -Dio un salto, dejando escapar una aguda exclamación al sentir el repentino contacto frío contra su pierna desnuda. Uno de los caballos se agitó ante su inesperada reacción, removiéndose nervioso, al tiempo que una oleada de ruidos metálicos viajaba entre los jinetes. 

Luego un silencio inquieto… Un silencio en el que quien sabe cuántas miradas la detallaban minuciosamente.

-Vendrá con nosotros… -Sería el líder… Este hostigó a su corcel con sus talones y con un movimiento direccional de la mano que sostenía las riendas, comenzó a hacerse paso entre sus subordinados. –Deveu…

La masa comenzó a moverse de nuevo, abriendo finalmente el círculo en el que la habían encerrado. Su corazón seguía latiendo desbocado, pero al parecer sus músculos estaban permitiendo liberar la tensión, que ahora parecía comenzar a disiparse. Entonces, de forma retardada, las palabras tomaron sentido y forma en su mente… “Vendrá con nosotros…” ¿A dónde…?

Repentinamente sintió un agarre firme en su brazo, por lo que de forma Instintiva se giró con violencia, tratando de soltarse, pero su fuerza fue contrarrestada sin aparente esfuerzo. Al levantara la mirada, esta se estrelló contra unos intensos ojos azules, distinguibles aun bajo el yelmo que mantenía en el anonimato aquel rostro masculino, el cual ahora se inclinaba hacia ella al igual que el resto del cuerpo. Una vez más hizo ademán de alejarse, pero esta vez el brazo la rodeo y la levantó del suelo con facilidad. 

-¡Tengo vestido! –Fueron las impotentes palabras que escaparon de su boca en el momento en que era subida a la montura del perfecto ejemplar chocolate de aquel jinete. Estaba a punto de gritar, patalear, hacer todo lo posible por volver a encontrarse sobre sus pies, pero en ese instante la marea de cascos renovó el movimiento. 

El arranque la obligó a aferrarse al cuerpo del desconocido, y provocó que sus ojos y mandíbula apretaran con fuerza. Su mente concentraba  cada pensamiento en no resbalar, mientras el animal galopaba violentamente, incitado por la soltura de las riendas…

El barullo la hizo sobresaltarse. Su respiración estaba ligeramente acelerada y sentía cierta presión en aquellas partes de su rostro que habían estado apoyadas en los útiles esparcidos sobre la mesa. Se incorporó en la silla observando a su alrededor completamente desubicada… La cafetería hervía en actividad. Gente iba y venía con bandejas, reían y conversaban, llenando el lugar de un constante bullicio, base del ambiente a la hora del almuerzo. Pestañeó un par de veces para luego observar las líneas azules que se desplegaba frente a ella, y en estas una única frase coronando la página: “En la edad media la caballería era una de las profesiones ejercidas  más importantes entre los hombres…”
 
Cerró el cuaderno con fuerza y luego de ponerse en pie comenzó a guardar las cosas en su bolso. Dio un rápido vistazo a su reloj y maldijo por lo bajo mientras aceleraba sus acciones. Le quedaban sólo cinco minutos antes de su próxima clase. Recogió el cartón de leche con chocolate y luego de asegurarse con un sorbo que estaba vacío lo lanzó a la basura y salió apresurada del lugar…

-Hoy me acuesto temprano…